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Las pequeñas empresas, más vulnerables al plagio

Si Antonio Meucci hubiese tenido los diez dólares que se necesitaban en 1874 para renovar una patente habría pasado a la historia como el padre del teléfono. En ese año Meucci ofreció su prototipo a la poderosa compañía de telégrafos Western Union, que aparentemente despreció su propuesta. Dos años después Alexander Graham Bell copaba las portadas de los periódicos como inventor del dispositivo. Junto a él aparecía Western Union, su flamante patrocinadora. Tuvieron que pasar más de 120 años para que el Congreso de EE UU reconociese oficialmente la verdad y en 2001 rescatase a Meucci del olvido.

A Berta Prats no le sorprende esta historia. Casada y madre de dos niños, en mayo comenzó a compaginar su vida familiar con la comercialización de un cojín especialmente diseñado para facilitar la lactancia. Berta posee la licencia exclusiva para vender en España el producto, que está registrado como modelo de utilidad en la Oficina Española de Patentes y Marcas. A cambio de la licencia, paga los correspondientes royalties. El resultado hasta el momento han sido 3.000 cojines fabricados (www.cucut.net) y 63.000 euros de facturación. Pese a ello, hace unos meses dos de sus distribuidores le advirtieron de que algo iba mal. 'En julio descubrimos que una multinacional francesa estaba comercializando en España un cojín con la misma forma y funcionalidad del mío', explica. Sus abogados se dirigieron por carta a la compañía francesa advirtiéndole de los derechos legales de Berta y exigiendo que dejase de vender el cojín. 'Contestaron que tenían que consultarlo con su proveedor, pero lo cierto es que dejaron de comercializarlo', señala Prats.

Poco después surgieron nuevos problemas. Los distribuidores de Berta le comunicaron que una gran empresa española de productos para niños había presentado en la feria de puericultura de Valencia un cojín igual al suyo. 'Mis abogados enviaron otro requerimiento por carta. Ellos atendieron a razones y finalmente hemos conseguido que el tema no vaya más allá', explica.

Los juicios en los que se discuten los derechos son muy costosos

El caso de Berta no es un suceso aislado y ocurre tanto en España como en otros países. Hace dos años, por ejemplo, Gerald Gohl, un ganadero de Nebraska, registró la patente de un reflector a control remoto. A la cadena de tiendas Wal Mart le gustó la idea y decidió comprar a Ghol su invento. En vista de la negativa de éste, la empresa decidió fabricar un dispositivo casi idéntico al del ganadero. æpermil;ste no dudó en embarcarse en una gran batalla legal con el único objetivo de defender sus derechos.

La legislación española otorga derechos de propiedad industrial, pero corresponde a sus titulares el ejercerlos frente a cualquier tercero que los discuta. 'El titular de una patente, un modelo de utilidad o cualquier otro derecho de propiedad industrial tiene que hacerlo valer, si no es como si estuviese consintiendo', explica Jorge Isern, director de J. Isern Patentes y Marcas. En la práctica, esto significa que el titular de un derecho de este tipo debe contar con la posibilidad de tener que acudir a los tribunales para defenderlo. 'La razón es que, excepto en la patente, en la que se puede solicitar un examen de fondo, en el resto de estos derechos no se entra a valorar la innovación', señala Isern.

A consecuencia de ello, el inventor puede descubrir de la noche a la mañana o bien que su idea no es nueva 'porque alguien la ha registrado 30 años antes en otro lugar' o bien que, aún siéndolo, alguien la discute. 'Son juicios muy caros porque tienen peritajes muy costosos', señalan desde J. Isern Patentes y Marcas. Pese a asegurar que la mayor parte de las grandes empresas optan por comprar las ideas de los pequeños inventores, reconocen que en sectores como el del diseño de cerámica los plagios abundan. 'Saben que si se descubre el daño no va a ser muy grande. Y no les importa pagar', explican.

Las precauciones del novato

'Yo creo que lo que ocurrió en mi caso es que no pensaron que lo tuviese todo bien atado legalmente. Vieron que era una autónoma y pensaron que me había puesto a vender el producto sin más y que no iba a pasar nada si lo comercializaban'. Berta Prats tiene claro que lo primero que debe hacer un inventor o licenciatario novel es registrar debidamente sus derechos para blindarse en lo posible frente a actuaciones de terceros. Pese a ello, hay que tener los ojos bien abiertos y estar dispuesto a acudir a los tribunales si es preciso. 'Hay que ser muy conscientes de que los derechos de propiedad industrial deben ser defendidos por el titular. Si éste no los defiende nadie va a hacerlo. El Estado no va actuar en nombre del titular, precisamente porque en muchas ocasiones el derecho no presupone que se tenga la novedad', señalan desde J. Isern Patentes y Marcas. En caso de conflicto, recomiendan, es aconsejable intentar resolver la cuestión a través de cartas de requerimiento. Si eso falla, siempre quedan los tribunales.

derechos de todo tipo

Patente

Una novedad que implique actividad inventiva y sea de aplicación industrial. La concesión de una patente española otorga derechos exclusivos en el territorio nacional. Ni los descubrimientos o métodos científicos, las obras literarias y artísticas, los métodos para el ejercicio de actividades intelectuales o las ideas pueden ser patentadas.

Modelo de utilidad

Invenciones que consisten en dar a un objeto una configuración, estructura o constitución que implique una ventaja para su uso o fabricación. Su concesión implica un derecho respecto al objeto protegido en el territorio español.

Dibujo industrial

Es toda disposición o conjunto de líneas o colores aplicables con un fin comercial a la ornamentación de un producto.

Modelo industrial

Todo objeto que pueda servir de tipo para la fabricación de un producto y pueda definirse por su estructura o configuración.