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Invierno siciliano

La siciliana Sant'Agata es también muy popular en España. Aquí se celebran 'las Águedas' en bastantes poblaciones; pero es sobre todo conocida la fiesta de Zamarramala, junto a Segovia, donde se elige una alcaldesa (esto, antes, debía de sonar a sacrilegio) y las mujeres mandan por un día. La historia de Santa Águeda es espeluznante: esta joven, nacida en Catania en el año 238, había decidido entregarse al Jesús de los cristianos; pero el procónsul pagano Quinziano la deseaba para sí. Como la muchacha se opusiera, fue sanguinariamente torturada, le arrancaron los pechos y finalmente fue acostada sobre un lecho de ascuas; un terremoto se produjo en el mismo momento y acabó con el suplicio.

Las reliquias fueron llevadas a Constantinopla en 1040, y casi un siglo después fueron devueltas a Catania por dos mílites paisanos; los vecinos salieron en camisón, en plena noche, a recibir los restos de su santuzza. Ese es el motivo por el que todos los varones que participan en la fiesta de Sant'Agata, entre el 3 y 5 de febrero, van vestidos con un camisón blanco y se llaman nudi (desnudos). La fiesta siciliana, que contrariamente a lo que ocurre en España está protagonizada por varones y no mujeres, está imbuida de connotaciones sexuales -algunos eruditos alegan que es, en realidad, una transposición de antiguas ceremonias consagradas a Isis-.

Hombres y muchachos arrastran gruesos cirios de más de un metro de altura, de apariencia turbadoramente fálica. La cera que se derrama como lava por la larguísima Vía æpermil;tnea, a la sombra del volcán Etna, cubre el pavimento con una capa que tardan días en limpiar. El culmen del tríduo festivo es una procesión nocturna y cívica (más que religiosa) donde además de los velones se pasea una especie de estandartes o pasos ornamentados y sobre todo, el fércolo o Vara, una carroza forrada de plata con los restos sagrados. Los hombres hacen corros cada tanto, y recitan una arcaica salmodia, mientras sacuden sus guantes blancos, juramentándose para defender a su patrona, reina y señora omnipresente en cada arista de la ciudad y que les defiende, al parecer, de las iras del volcán.

Durante los días de la fiesta, el centro de Catania es un hervidero, pero sobre todo la catedral barroca donde se guardan las reliquias de la santa, la próxima abadía de Sant'Agata (obra maestra de Vaccarini, seguidor de Borromini) y otras cinco iglesias dedicadas a la mártir, entre ellas la que se levanta sobre el horno donde fue abrasada, y la llamada del Santo Cárcere, sobre la prisión donde fuera torturada. Este último templo preside una enorme plaza desventrada, con los restos al aire del anfiteatro romano, apenas algo menor que el Coliseo de Roma. Los restos romanos de Catania aparecen pegados a la vida cotidiana. Atravesando, por ejemplo, el portal de una finca, se accede al teatro greco-romano y un odeón anexo, bien conservados ambos, próximos al foro. La iglesia de Santa María della Rotonda se alza sobre los restos de unas termas romanas.

La frescura de lo clásico, sin embargo, queda anegada por la exuberancia de la ciudad barroca. Catania es una de las capitales europeas de ese estilo. No sólo en iglesias y conventos, que son legión, también en palacios (alguno tan excelente como el Bíscari), numerosos edificios civiles (como el Collegio Castelli, la Universidad o el Teatro Massimo Bellini) y sobre todo en la propia definición urbana: plazas y fuentes monumentales, calles enteras, como la Vía Crocíferi, donde cada arista y cada perspectiva es pura escenografía barroca. El contrapunto a tal empache artístico se puede hallar sin esfuerzo en las calles hirvientes de bullicio, sobre todo en puntos como el mercato di pesce, un espectáculo primario, palpitante, que devuelve a Catania al vitalismo colorista y crudo de su época dorada.

Guía para el viajero

Cómo ir

Alitalia (902 100 323) tiene vuelos diarios desde Madrid a Catania, vía Roma, a partir de 279 euros ida vuelta (mes de febrero).

Alojamiento

Central Palace (Via Etnea 218, tel. 09532 5344) es uno de los más veteranos y célebres, alojado en un edificio barroco con jardines. Baia Verde (via Angelo Musco 8-10, en la vecina Acicastello, tel.: 095 491 522) recientemente reformado con playa privada y una envidiable posición sobre el acantilado de lava; extraordinaria su cocina de mar.

Comer

Don Turiddu (via Musumeci 50, tel.: 095 537 844), típica trattoria donde se pueden probar especialidades locales como los sparacanaci fritti, la caponatina o la célebre pasta alla Norma. Poggio Dúchale (via Paolo Gaifami 5, tel. 095 330016) con comedores en estilo liberty, ofrece una excelente cocina basada en pescados, conviene reservar. La Siciliana (viale Marco Polo 52/a, tel.: 095 376 400), alta cocina aplicada a recetas tradicionales, excelente bodega, conviene reservar.