EDITORIAL

Prepararse para perder los fondos

A lo largo de casi dos décadas, España logró reducir la brecha que la separaba de los países europeos más desarrollados gracias a unas correctas políticas económicas apoyadas por el aporte de los fondos comunitarios.

Las políticas regionales de la Unión Europea, concretadas en el Fondo de Cohesión y en los Fondos Estructurales, han supuesto una ayuda de 62.400 millones de euros para el periodo 2000-2006. Pero el acortamiento de las diferencias que separaban a España de Europa y, sobre todo, la ampliación de la UE hacia el Este están acercando el fin de esas ayudas extraordinarias. Y quien se ha encargado de recordarlo ha sido la comisaria de Política Regional de la Unión, la polaca Danuta Hübner. Así lo expresó ayer en Madrid, al destacar que entre 1995 y 2001 las regiones españolas menos desarrolladas crecieron un 50% por encima del promedio de la UE. La renta española ha saltado así del 79% de la media comunitaria en 1995 a casi el 90% una década después.

Pero este éxito supone la pérdida progresiva de ese benéfico maná. La ampliación de la Unión añadió, desde mayo de 2004, una decena de nuevos países, cuya renta es muy inferior al 75% de la media comunitaria. Por eso el próximo Presupuesto europeo 2007-2013 concentrará la distribución de recursos en Europa Central y Oriental.

Ante este cambio inexorable, el Gobierno español debe pedir que Bruselas conceda un plazo de transición, ya que la convergencia total con los países ricos aún no se ha producido y las regiones más pobres de España tienen derecho a seguir recibiendo esas ayudas.

Pero, sobre todo, España debe reorientar la política de inversión pública hacia las nuevas prioridades del presupuesto comunitario: innovación, tecnología, investigación y formación. El proyecto de reparto de fondos europeos reserva casi 20.000 millones de euros anuales para esos objetivos de alto valor añadido. Es hora de pasar del cemento y el asfalto a actividades públicas y privadas que incrementen la productividad.