COLUMNA

Los intereses creados y la reforma de RTVE

Como todo Gobierno que se pretende ilustrado, el del señor ZP parece querer seguir con RTVE los pasos de Jovellanos, quien en su Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas decía del teatro que era 'el primero y más recomendable de todos los espectáculos, el que ofrece una diversión más general (...), y por lo mismo el más digno de la atención y desvelo del Gobierno'. Ello explicaría que a los pocos días de tomar posesión, el BOE del 24 de abril publicase el RD 744/2004, creando el Consejo para la reforma de los medios de comunicación de titularidad del Estado.

Compuesto por personas de reconocida 'auctoritas', como afirma su exposición de motivos, a los llamados cinco 'sabios', que debían proponer al Gobierno el 'modo más adecuado de su articulación práctica, los contenidos de programación más idóneos y la financiación más adecuada', se les unió un experto en temas de financiación -por mor de que, en principio, conviene saber lo que nos van costar a los contribuyentes las propuestas de los cinco componentes del Consejo-.

La intención no podía ser más oportuna si se tiene presente que RTVE acumula una deuda de 7.000 millones (El País, 22-11-04), cuenta con una plantilla de 9.000 trabajadores, pierde audiencia constantemente y a pesar de ello resulta ser la cadena pública europea con más publicidad por tiempo emitido. Y si a ello añadimos su servilismo al gobernante de turno y la vulgaridad de su programación, no resulta exagerado afirmar que tenemos el peor modelo de televisión publica imaginable.

Como no podía ser menos, esta empresa ruinosa se mantiene exclusivamente porque el Estado ha venido acudiendo en su auxilio mediante el expediente de garantizar el endeudamiento del Ente Público RTVE, de tal forma que esos 7.000 millones de euros son deuda del Estado, que no tuvo en su día ni la valentía de incluir en sus Presupuestos las correspondientes subvenciones que cubrieran anualmente su déficit de explotación ni la decisión de inclinarse por un modelo de financiación mediante un canon que pagarían quienes 'disfrutasen del espectáculo'.

Pero era sabido que la posibilidad de unas propuestas del Consejo que se inclinasen por cambios radicales como los que, por ejemplo, apoyaba el Secretario de Estado de Hacienda (El País, 10-5-04) al evocar la posibilidad de privatizar una de las dos cadenas de TVE -opción que también parecen apoyar los reaccionarios países nórdicos (Abc, 2-12-04)-, iba a chocar con la numantina defensa de intereses creados muy fuertes. Empezando por los representantes de esos 9.000 empleados distribuidos por toda España, cuya productividad no debe ser muy alta si se recuerda la frecuente contratación externa de programas, y continuando por quienes encuentran en la televisión estatal un medio de proyección pública o un empleo excelentemente remunerado poco acorde, a lo que parece, con los resultados obtenidos.

Y así sospecho que está sucediendo a tenor del contenido recogido en el artículo de El País antes indicado. Citando 'fuentes próximas' al Comité de Sabios, el artículo afirma que se descarta el 'escenario' de la privatización de alguno de los dos canales de TVE, y que más bien aquellos se inclinarían por 'una radiotelevisión pública 'fuerte' (...) asentada en un modelo de financiación mixta (ingresos publicitarios y subvención)'.

El artículo, que abunda en afirmaciones que sólo suscribirían algunos miembros del Comité de Sabios -por ejemplo, la defensa de los centros territoriales, una de las fuentes más claras del déficit anual de TVE, como medio de 'optimizar los recursos de todas las televisiones públicas'- recoge unas cifras que dan la impresión de haber sido manipuladas previamente. Me refiero a la ilustración entre los costes de cinco televisiones públicas europeas, en la cual la española aparece como la menos costosa, gracias al expediente de considerar 'publica' sólo a RTVE y no a las autonómicas, como si las Autonomías no fuesen parte integral del Sector Público en España. Naturalmente, con tan poco escrupuloso manejo de las cifras el lector tiene todo el derecho a pensar que la comparación de la distribución de los ingresos está igualmente manipulada.

Mucho me temo que, salvo sorpresas, y a pesar de lo que diga la señora vicepresidenta del Gobierno -que en esto de las propuestas de reforma de RTVE, al igual que en otros asuntos públicos, se ha convertido en la García Sanchiz actual-, el Ejecutivo y su presidente no conseguirán que la televisión pública sea, como deseaba Jovellanos del teatro, 'una escuela para la juventud, un recurso para la ociosidad, una recreación y un alivio para las molestias de la vida pública, y del fastidio y las impertinencias de la privada'.

¡Ojalá me equivoque!