A palos con la eficiencia
Esta semana se debate en el Parlament de Cataluña el proyecto de Ley de Presupuestos de la Generalitat, que en su Ley de Acompañamiento, propone eliminar el coeficiente reductor, que actualmente se aplica al canon del agua en las instalaciones industriales de gran consumo si justifican un uso racional, eficaz y eficiente del agua.
No, no ha leído usted mal ni hay ninguna errata. Simplemente parece que se ha llegado a la asombrosa conclusión de que para promover un uso racional de agua lo mejor sería... eliminar los incentivos al consumo eficiente.
Este nuevo marco del agua sería de aplicación a todas las industrias grandes consumidoras de agua como el sector textil, el químico, el del refino o el papelero.
A efectos prácticos, una planta papelera que hubiese incorporado en sus procesos de fabricación la mejor y más moderna tecnología disponible en el mercado y que gracias a ese esfuerzo inversor realizase un uso del agua racional y eficiente, se vería incentivada con una subida tal en el coste del agua que le supondría una pérdida de rentabilidad de más del 6%. ¿Alguien lo entiende?
Aquí se aplica la misma teoría ya experimentada en los impuestos especiales para las grandes superficies. ¿Eres una industria grande y eficiente? Pues te ponemos un impuesto especial para que lo seas menos.
Para producir una tonelada de papel se usa ahora la mitad de agua que hace 10 años. No es precisamente pequeño el esfuerzo que el sector ha realizado para racionalizar el uso del agua. Por eso resulta sorprendente este cambio normativo que propone prescindir de la zanahoria para utilizar directamente el palo.
Y sorprende más aún si consideramos que la industria papelera es de hecho una de las señas de identidad de la economía catalana. Más de 50 plantas, y una producción de 1,5 millones de toneladas anuales, sitúan a Cataluña como el primer productor de papel del Estado Español. Pero no se preocupen, hace años que estamos perdiendo peso específico. Será el coste del agua, que ya es el doble que en otras comunidades autónomas, o serán otras medidas restrictivas; pero lo cierto es que Cataluña sólo se lleva el 5% de las inversiones de 1.200 millones de euros previstas por el sector papelero y que aumentarán la producción un 20% en el conjunto del Estado.
Si seguimos haciendo números nos encontramos con que una papelera que se trasladase a otra comunidad podría aumentar su beneficio entre un 6% y un 10%, sólo por el diferencial de coste del agua. ¿Es este el objetivo posmoderno deseado: bajar los consumos de agua, aunque sea deslocalizando o cerrando industrias?
Desde luego, se mire como se mire, resulta difícil encontrarle sentido a este cambio normativo, que parece ideado para hacer buena la adivinanza 'cae de una torre y no se mata; cae en el agua y se desbarata'. Es el papel, sí, lo ha adivinado.