Crónica de Manhattan

La hora de la SEC

William Donaldson ha perdido amigos. Este ex banquero de Wall Street y ex presidente de la Bolsa de Nueva York de 73 años, fue nombrado presidente de la SEC (órgano regulador del mercado de valores) por George W. Bush a finales de 2002. Con él, el presidente sustituía a Harvey Pitt quien dimitió acosado por las críticas a su gestión en una institución regulatoria y de vigilancia que veía como cada día explotaba un escándalo empresarial y se desmoronaba la confianza de los inversores.

Donaldson llegó para poner orden y con un curriculum que no hacía presagiar que en su cometido se granjeara la enemistad del empresariado. Pero así es. La Cámara de Comercio, la Business Roundtable (la más poderosa asociación de empresarios) y algunos republicanos en el Congreso creen que está llevando muy lejos su celo por regular y multar.

Tanto es así, que la Cámara de Comercio interpuso en octubre una denuncia contra la SEC por que creen que ha ido más allá de sus atribuciones al regular la estructura de los consejos de las gestoras de fondos. Es la primera vez que la Cámara hace algo así aunque junto con otras asociaciones empresariales llevaba ya tiempo presionando y criticando a Donaldson por varias decisiones e iniciativas, entre ellas, la de aumentar la regulación de los fondos de alto riesgo o aumentar el poder de los accionistas para decidir consejeros en las empresas (algo que ha sucumbido a las presiones).

Los críticos consideran llamativo que cuando los cuatro comisarios (que con el presidente forman el ejecutivo de la SEC) votan, Donalson suele romper el empate en favor de los demócratas (Harvey Goldschmid y Roel Campos) y no con los republicanos (Cynthia Glassman y Paul Atkins).

La frustración del empresariado es el alivio de los defensores de los accionistas y los fondos de pensiones públicos como Calpers, que se han visto gratamente sorprendidos, en general, por la labor del presidente de la SEC. Desde estos foros consideran que la subida del tono de las críticas se produce porque se está diluyendo el efecto de los escándalos que han justificado la ley Sarbanes Oxley de buen gobierno empresarial o el celo de la SEC y de Eliot Spitzer, fiscal de Nueva York.

Las críticas no han achicado a Donaldson a quien le queda mucha agenda por poner en marcha. Entre otras cosas quiere que se decida sobre la autorregulación de las Bolsas, completar la reforma de los fondos de inversión, retomar la batalla perdida de la concesión de más poder a los accionistas y mejorar la transparencia de las informaciones relativas a las compensaciones de directivos. Donaldson dice que si Bush no se lo pide, él no se va. Sin embargo, para alegría de los que aplaudieron la elección de Bush, los rumores apuntan a que podría ser relevado.

En cualquier caso, habrá cambios. Al comisario Goldschmid ya le venció su mandato en junio y será sustituido en breve. A Campos le expira el suyo en junio de 2005. Los que les reemplacen también serán nombrados por los demócratas pero éstos están cada vez más disminuidos en Washington y ahora no cuentan con Tom Daschle que como líder de la minoría demócrata en el Senado imponía su criterio para evitar nombramientos de moderados con la mayoría republicana. La hora del cambio llega a la SEC y en esta mudanza la salida de su presidente puede suponer todo un cambio de rumbo.