COLUMNA

El difícil vuelco electoral

Elecciones en EE UU: A pesar de la expectación que han despertado en todo el mundo los comicios estadounidenses, la movilización de los votantes inscritos en el registro ha sido más bien tímida, lo que ha hecho más difícil el vuelco en las urnas. Dos expertos analizan el complejo proceso electoral y sus consecuencias

La movilización de la sociedad americana ante las elecciones presidenciales hacía vaticinar que, en esta ocasión, el registro electoral de votantes iba a experimentar un crecimiento sustancial respecto al de las elecciones del año 2000, donde únicamente se registró el 63,9% de la población de 18 años y más, que es la que tiene derecho al voto. Luego sólo llegaron a votar efectivamente el 85,5% de quienes se habían registrado, lo que arrojó un porcentaje de voto del 54,7% del total del electorado.

En la medida en que la inscripción hubiera sido masiva, y hubiera afectado más a quienes de ordinario dejan de registrarse en el censo electoral, se habría podido producir más claramente un vuelco electoral, como ocurrió en las últimas elecciones generales de España, donde se produjo una fuerte movilización de votantes que habitualmente presentan altos grados de abstención.

Para tener una idea de la envergadura que habría podido tener una movilización de este tipo en Estados Unidos basta con recordar algunas cifras facilitadas por la Oficina de Censos norteamericana. Por ejemplo, los ciudadanos desempleados o los jóvenes de 18 a 24 años, que en 2000 sólo llegaron a votar, respectivamente, en el 35,1% y en el 32,3%, vieron más que duplicada su participación por colectivos de contraria composición, como los estables empleados gubernamentales, que en número de 19,3 millones votaron en el 72,4% de los casos, o las personas de edades comprendidas entre los 64 y los 74 años, de los que votaron un 69,9%.

Todavía no se conoce cómo ha sido la tipología del electorado que ayer votó en Estados Unidos

Todavía no se conoce cómo ha sido la tipología del electorado en estas elecciones de 2004, aunque puede pensarse que no ha invertido lo que viene siendo norma en Estados Unidos, con baja participación de los grupos citados y de otros, como los ciudadanos norteamericanos de origen hispano o africano, que precisamente se vienen mostrando contrarios a la política exterior y a las medidas económicas de la Administración republicana.

En ausencia de esta información, se ha fijado la atención en el número total de inscritos, que fueron estimados en 10 millones de electores más que en las elecciones de 2000, según el Comité para el Estudio del Electorado en función de una estadística realizada en 26 Estados. De ser así, la movilización ciudadana está lejos de conseguir los objetivos que pretendía puesto que, según la Oficina de Censos, la población norteamericana de 18 años y más presenta una tasa de incremento medio anual del 1,2%, por lo que, sólo con la misma baja proporción de inscritos del 2000, el número de nuevos electores achacables al mero crecimiento poblacional superaría la cifra de 6 millones.

El hecho de que, a pesar de la expectación que han despertado estas elecciones en Estados Unidos y en todo el mundo, la movilización haya sido tan tímida, no hacía vaticinar un vuelco electoral o, al menos, un resultado claro. La igualdad en la intención de voto parecía indicar que, en esta ocasión, sería necesario esperar a contar con recuentos oficiales para saber el resultado de estas elecciones. Incluso, la posibilidad de recursos judiciales para los que ya se habían preparado concienzudamente los dos partidos.

Por lo que se refiere a las consultoras, han tenido cuidado a la hora de anticipar resultados porque en las últimas elecciones han sufrido sonoros patinazos. Quizás por ello, en los sondeos preelectorales han ido convergiendo sospechosamente en sus estimaciones, hasta el punto de que los porcentajes de voto estimados para Bush y para Kerry apenas se diferenciaban en unas décimas. Por si ello fuera poco, las estimaciones sólo se han venido facilitando en porcentajes de voto, sin mención a las cifras de participación electoral esperadas, lo que hubiera dado importantes pistas sobre posibles vuelcos electorales, sobre todo en algunos Estados clave, donde habitualmente se abstienen muchos simpatizantes del partido demócrata.

Tampoco las encuestas a pie de urna, primeras en anticipar resultados, eran muy fiables porque, entre otras cosas, iban a tener que estimar el voto de los muchos electores que en esta ocasión han votado anticipadamente. Además, previsiblemente, también las empresas que realizan estas estimaciones se han curado en salud porque, para suerte de los estadísticos y para desgracia de este tipo de consultoras, las estimaciones de resultados electorales son las únicas que acaban pudiendo contrastarse con un resultado verdadero, siempre que el proceso electoral sea limpio, claro está.