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La Italia más sosegada

El Piamonte y el otoño parecen estar hechos el uno para el otro. Fuera del circuito de los destinos turísticos más abarrotados de Italia, la región del norte ofrece sosiego en sus paisajes, una exquisita gastronomía y un itinerario cultural que, sin la espectacularidad de Florencia o Roma, regala rincones, callejuelas y tesoros artísticos a la vista.

A una hora de la capital de la región, Turín, se abren los amplios paisajes de colinas y llanuras de la provincia de Cuneo, una tierra fronteriza entre Italia y Francia, y abrazada por el generoso anillo alpino. Bra, Mondoví, Cuneo, Cherasco, Barolo, Saluzzo son pequeños pueblos de casas agarradas a colinas, con cicatrices arquitectónicas que hablan del dominio de la casa Saboya, que imprimió su particular sello barroco a las huellas románicas y góticas de la zona. El encanto se impone como norma.

Pero el Piamonte es, ante todo, un tributo al paladar. Lo dicen sus colinas, repletas de viñedos y cultivos, el prestigio de sus trufas o las innumerables tiendas de delicatessen que abarrotan las calles del pueblo más escueto. El que visite esta zona, llamada La Langa por el nombre de una de sus más conocidas colinas, no puede pasar sin catar vinos como el Barolo o el Barbaresco, que son el buque insignia de las bodegas piamontesas, ni dejar de experimentar el Slow Food, que más que una cocina es un movimiento gastronómico nacido en la ciudad de Bra y que empapa el estilo de vida de toda la región.

El Slow Food es el paradigma del sosiego piamontés. Una asociación de vocación internacional, nacida en 1986, que promulga 'el eslabón entre ética y placer', es decir la eco-gastronomía, ante la invasión del fast food y el frenesí de la fast life. Eso sí, las comidas en Cuneo tienen un síndrome: la dilatación temporal. Al cabo de unos días, uno ha aprendido a masticar e intuir los sabores de nuevo.

Ya con la barriga y el alma plácidos, el viajero entra en el ritmo pausado de las pequeñas ciudades piamontesas, cada una con su historia, muchas fueron municipios libres en el medievo para luego ser escenario de las tensiones del ducado de los Saboya, del marquesado de Saluzzo o la mismísima invasión napoléónica.

La coqueta Alba, con sus 'mil torres' y sus balcones adornados con las coloristas banderas de cada barrio; la fascinante estructura urbanística de Pollenzo, una pequeña villa construída siguiendo la forma circular del anfiteatro romano sobre el que está levantada; o la encantadora Mondoví, con los pasadizos y callejas de su barrio más antiguo, Piazza, en lo más alto del monte di Vico.

Vale la pena recorrer los 8 kilómetros que separan Mondoví del impresionante Santuario de Vicoforte, cuyo origen se remonta al siglo XV. Sólo sea por sentirse enano ante la cúpula elíptica más grande del mundo (de 74 metros de altura), que lleva tatuada uno de los mayores ciclos pictóricos: La virgen, que cubre los 6.052 metros cuadrados de su superficie. Desde allí, se puede visitar Cuneo con sus arquerías o la serpenteante Saluzzo, a los pies del Mont Viso (3.811 metros). La diminuta Cherasco, la ciudad de los caracoles, y los cercanos enclaves de Barolo (que da nombre al famoso vino) y La Morra son la guinda de este homenaje a la vida tranquila.

Si uno se cansa de tanta calma, las pistas donde se celebrarán los Juegos de invierno de Turín 2006 proporcionan la correspondiente dosis de acción. Pero, los ondulados tempos, comidas y paisajes del Piamonte atrapan y refrescan la memoria de los ritmos de la tierra.

El Piamonte es un tributo al paladar. Lo dicen sus colinas, repletas de viñedos y cultivos, o las innumerables tiendas de delicias del pueblo más escueto

Guía para el viajero

cómo ir

Desde Madrid salen cinco vuelos directos al día con destino Turín. Iberia, Spanair y Portugalia ofrecen billetes de ida y vuelta a partir de unos 150 euros. Otras tres compañías (Air Europa, Air France, Aerolíneas Argentinas y Lufthansa) ofrecen vuelos con escala que van desde los 150 eutros de la tarifa económica a los 600 euros de primera clase. Iberia, Spanair, Air Europa, entre otras, vuelan también desde Barcelona.

dormir y comer

En Pollenzo, la sede de la Universidad del Gusto comparte espacio con el hotel Albergo dell'Agenzia (teléfono 0172-458600) que ha recuperado una construcción neogótica perteneciente a Carlo Alberto de Saboya. En el mismo complejo arquitectónico, se pueden experimentar las delicias del Slow Food en el restaurante Guido.

l En Mondoví: Vale la pena quedarse en esta ciudad llena de encanto, en Rifugio La Maddalena (tel. 3355229397) o en Giacobra (323141). Para comer, restaurante Vineria Rosso Mattone (tel.0174553074), una cantina donde degustar buen vino y platos.

l En Cherasco: Un buen alojamiento es el hotel Al Cardinal Mazzarino (01 724 88 364) y para comer, la hospitalidad de la Osteria Della Rosa Rossa. Recuerde probar los típicos caracoles.

La Universidad del gusto

Este curso universitario, 60 alumnos van a comer pero que muy bien. La primera Universidad de Ciencias Gastronómicas, llamada Universidad del Gusto, ha inaugurado su primera promoción hace unas semanas en la pequeña villa de Pollenzo. No serán cocineros los que salgan tras los cuatro años de carrera, sino expertos catadores y asesores culinarios. Buen provecho.