TRIBUNA

¿Responsabilidad (social) de la empresa?

Cuántos debates y proyectos hemos visto últimamente que se eternizan porque alguien dice que no se puede avanzar si no aclaramos antes qué entendemos por RSE (responsabilidad social de la empresa)? De hecho, se trata de una pregunta bumerán, es decir, de una cuestión que retorna intacta a quien la plantea.

No podemos darle respuesta desde la neutralidad. Ninguna definición podrá sustituir a nuestras propias opciones y decisiones. Pero ya hace tiempo que albergamos la sospecha de que hablar de responsabilidad social de la empresa no siempre ayuda. Nos preguntamos si no deberíamos centrarnos en hablar de la empresa responsable y no la empresa socialmente responsable, como dicta lo políticamente correcto hoy en día.

Ciertamente, hablar de RSE ha sido útil, necesario e inevitable. Pero también ha sido fuente de malentendidos y de confusiones, porque con frecuencia se percibe este concepto como algo importante, pero coyuntural; como un lujo sólo al alcance de una cuenta de resultados saneada; como la atención a un nuevo tipo de reclamaciones o demandas que hay que cuidar por el riesgo reputacional que conllevan; o como un asunto especializado y propio de un área funcional nueva que, a ser posible, no debe interferir ni molestar demasiado a las ya existentes. Aunque se insista en que no se trata de un añadido, tampoco nos ha de extrañar que siempre se pregunte qué añade o a qué se refiere la palabra social.

Además facilita que entremos en estériles callejones sin salida como la dicotomía entre legislación y voluntariedad; o el debate sobre qué añade (o qué quita) la RSE a la relación con los trabajadores; o la diferencia entre RSE y acción social.

Cada vez estamos más convencidos de que deberíamos hablar solamente (¿solamente?, ¡cómo si fuera poco!) de empresa responsable. La pregunta, la única pregunta que tiene sentido, es la que se formula a propósito de la empresa responsable. De hecho, además, ni siquiera es una pregunta. La empresa sólo puede serlo si es responsable. Ahora bien, la cuestión es: ¿responsable ante quién?, ¿responsable de qué? Y también: ¿cómo se concreta esta responsabilidad?, ¿quién tiene derecho a exigirla? y ¿cómo se rinde cuenta de ella? En el fondo, actualmente el debate no se centra en aclarar si una empresa es responsable o no lo es, sino en clarificar cómo se entiende esta responsabilidad y qué alcance tiene. Y, si la pregunta por la responsabilidad es hoy más compleja, lo es porque también lo es la sociedad. En una sociedad compleja, la empresa ya no sólo gestiona relaciones con sus interlocutores, sino que debe construirlas, y generar confianza y legitimidad.

No hay una responsabilidad social de la empresa, sino una dimensión social en todas sus responsabilidades. Como hay una dimensión económica en todas sus responsabilidades. La responsabilidad de la empresa tiene múltiples esferas, que son el resultado, a la vez, de un reto y de una demanda: ¿cuál es la contribución actual de la empresa a la sociedad? Contribución que sólo toma cuerpo en las relaciones con cada uno de sus interlocutores. Hoy en día, la responsabilidad empresarial incorpora, quizás, más dimensiones que años atrás. Esto es el resultado tanto de nuevas presiones y demandas sociales como de la visión y la lucidez de determinadas empresas y profesionales. En definitiva, la pregunta sobre la empresa responsable es la pregunta sobre qué empresa y qué sociedad queremos construir. ¿O es que podemos pensar la empresa al margen de la sociedad? ¿O es que podemos pensar la sociedad sin la empresa? La pregunta sobre la empresa responsable es la pregunta sobre toda su red de relaciones y sobre todas los aspectos de dichas relaciones.