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El legado de África en Brasil

Salvador huele, suena y sabe a África. Y es que los cimientos de esa ciudad, que desde su fundación, en 1549, se convirtió en la primera capital de Brasil, fueron levantados por los negros esclavos enviados por la corona portuguesa. Sólo el Estado de Bahía, del que ahora es capital, recibió hasta la abolición de la esclavitud, en 1888, 1,3 millones de africanos, el doble de los que llegaron a Estados Unidos. La herencia ha llegado a nuestros días en forma de sones de tambores, candomblé y capoeira.

Estas raíces son las que la diferencian de las otras grandes ciudades brasileñas, con las que tiene en común un paisaje urbano que integra favelas con moles de edificios de bajo coste y exclusivas propiedades unifamiliares. Sólo hace falta adentrarse un poco para percibir su singularidad, que se manifiesta en la hospitalidad, la alegría y el carácter festivo de sus gentes, lo que le convierte en el destino por excelencia en Carnaval.

El mejor legado histórico de la ciudad proviene de la época colonial y aún está latente en el casco viejo, sobre todo desde la restauración emprendida en los noventa. El máximo exponente es el Pelourinho, barrio desarrollado en los siglos XVII y XVIII que ha sido declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco. Numerosos vendedores ambulantes, negras con el típico vestido bahiano cocinando el tradicional acarajé (pan de masa de judías frito en aceite de palma y relleno de un sofrito con gambas) y bandas de ritmos africanos invaden las empedradas calles y animadas plazas de este barrio, otorgándole el carácter festivo del que tanto se enorgullecen. Una amplia gama de colores, azules, verdes, rosas y amarillos luce en las fachadas de sus caserones, que se intercalan con iglesias, tiendas de artesanía, museos, restaurantes y terrazas.

La hospitalidad, la alegría y el carácter festivo de sus gentes convierte a Salvador en el destino por excelencia en Carnaval

Las iglesias, en su mayoría de estilo rococó y con profusión de azulejos portugueses en el interior, merecen una ruta propia. Destacan la de San Francisco, con un interior revestido de talla dorada, y la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de los Negros, en la que los santos, la virgen y hasta el niño Jesús son de ese color. En esta última se puede contratar la asistencia a un rito de candomblé, una de las religiones más extendidas entre los negros que estuvo prohibida durante siglos. Para poder practicarla, los esclavos identificaban cada orixá (divinidad) con una imagen católica, lo que les permitía adorar a sus dioses simulando liturgias permitidas.

En el comienzo del casco viejo está el elevador Lacerda, construido en 1872, que transporta a los viajeros los 72 metros que separan la parte alta de la parte baja de la ciudad. Abajo se encuentra el Mercado Modelo, con numerosas tiendas de artesanía, y el puerto, desde el que parten los barcos hacia las islas cercanas.

La situación de Salvador, en plena Bahía de Todos los Santos, le confiere otro de sus atractivos: las playas. En los 50 kilómetros de extensión de la orla marítima se intercalan las palmeras con los chiringuitos de chamizo que ofrecen cualquier tipo de bebida tropical. La calidad de las playas, no obstante, mejora al alejarse del centro de la ciudad.

Guía para el viajero

Cómo ir

La única aerolínea que realiza el viaje directo desde Madrid es Air Europa. Iberia también vende este destino aunque sólo vuela a São Paulo y ofrece el trayecto hasta Salvador con otra aerolínea. La brasileña Varig ofrece ese mismo recorrido y la Tap dispone de vuelos vía Lisboa.

Dónde alojarse

A lo largo de toda la costa se encuentran ubicados la mayoría de los hoteles de cadenas internacionales, como el Bahía Othon Palace (Avenida Presidente Vargas, 2456. Tel. 71-203 20 00). Entre los grandes hoteles, el Tropical da Bahía es de los más reconocidos (www.tropicalhotel.com.br). Pero si se busca algo exclusivo, la mejor opción es A Casa das Portas Velhas (www.acasadasportasvelhas.com.br), levantada sobre las ruinas de un viejo caserón. En un ambiente familiar y diferenciado, dispone de 15 habitaciones decoradas con esmero. Entre 150 y 375 euros la noche.

Gastronomía

La mejor forma de conocer la gastronomía bahiana, compendio de la portuguesa, africana y brasileña, es comer en Escola Senac (www.ba.senac.br). Ubicado en el Pelourinho, ofrece un buffet con 40 platos típicos, entre los que destacan las moquecas, guisos de pescado cocinados con leche de coco. Más exclusivo es el restaurante María Mata Mouro (Rua Inácio Acioly, 8. Tel. 71-326 73 30), con una elegante terraza. Pero si lo que se quiere es comer como un bahiano, la mejor opción es Alaide do Feijao (Ladeira do Pax, 2. Tel. 71-321 67 75), donde por cinco euros se puede disfrutar de la mejor feijoada (judías con carne y arroz).

De compras

Una parada obligatoria es el Mercado Modelo (Praça Vizconde de Cayru, 250. Tel. 71-241 02 42), que dispone de dos plantas de tiendas de artesanía y alimentos típicos. En el Pelourinho, abundan las joyerías, como Simon (www.simonjoias.com.br) o HStern (Tel. 71-326 14 22).