Gestión

Camacho, honesto pero débil como ejecutivo

Su salida del Real Madrid no ha dejado indiferente a casi nadie. José Antonio Camacho, murciano, de 49 años, dejó esta semana de entrenar al equipo blanco con tan sólo tres partidos de la Liga jugados y uno de la Liga de Campeones; dos derrotas, una de ellas ante el Bayern Leverkusen, y una plantilla de jugadores que le desautorizaba parecen ser los desencadenantes.

Su salida del Real Madrid no ha dejado indiferente a casi nadie. José Antonio Camacho, murciano, de 49 años, dejó esta semana de entrenar al equipo blanco con tan sólo tres partidos de la Liga jugados y uno de la Liga de Campeones; dos derrotas, una de ellas ante el Bayern Leverkusen, y una plantilla de jugadores que le desautorizaba parecen ser los desencadenantes. æpermil;l mismo reconoció sentirse incapaz de mejorar el rendimiento del equipo con su trabajo. Un caso y un ejemplo para el manual del buen directivo.

Uno de los problemas que ha tenido, explica el consultor Juan Mateo, es que no se ha sentido respaldado por la estructura, una de las claves para el éxito de cualquier ejecutivo. 'En una empresa normal los obreros ganan menos dinero que el directivo. En este equipo, los jugadores ganan mucho más que el entrenador y tienen la sartén por el mango. Un directivo tiene que sentirse respaldado y si no se siente así hay que tener el valor de irse', afirma Mateo, que traslada el caso del césped a la moqueta de la empresa. 'Sucede lo mismo que si un director comercial propone una estrategia y toda la red de vendedores se niega a aplicarla. Cuando tienes una plantilla de estrellas, el tipo de directivo que has de poner al frente es una persona cuya autoridad sea indiscutible, y ante la mínima rebelión ha de ser el presidente el que tome cartas en el asunto', argumenta este consultor.

Otro experto en liderazgo y estilos de dirección, Carlos Monserrate, director general de RB Technology, apostilla que para dirigir un equipo galáctico, esto es, que tiene un talento diferencial al resto, se necesita un talante especial para gestionar de manera extraordinaria. 'En estos casos, no se puede dirigir de manera ordinaria. No puedes funcionar como el resto. En entornos competitivos los directivos extraordinarios trabajan con máximo riesgo, con presión'.

'No ha sabido ganarse al equipo. En el banquillo estaba solo'

El fracaso de José Antonio Camacho tiene mucho que ver con la cultura del equipo. Lo explica el director de la consultora Eurotalent, Juan Carlos Cubeiro: 'Estaba acostumbrado a trabajar con gente peleona y aquí los jugadores son mucho más tranquilos, a la espera siempre de marcar un gol con una genialidad. No ha sabido ganarse al equipo'. En este sentido, apunta que el entrenador, y esto sirve para cualquier ejecutivo de empresa, debería haber buscado su propia camarilla dentro de la plantilla. 'Se ha desentendido de los fichajes, que él no había pedido, y no se ha ganado ningún grupo de apoyo. En el banquillo estaba solo y se necesita, sobre todo en este tipo de equipos, a profesionales con fuerza para coordinar a todos', explica Cubeiro.

Lo que sí ha dado Camacho, y en esto coinciden todos los expertos consultados, es una lección de honestidad. 'Es algo muy difícil de encontrar, sobre todo en el mundo empresarial', afirma Juan Mateo. 'Si no tienes y no te transfieren la autoridad que necesitas, si el presidente no te respalda, lo más ético es irse. Y aquí ha dado un ejemplo. Si hay algo que transgrede tus valores o tu forma de pensar, por encima del dinero está tu honestidad', prosigue este consultor.

De orden habla el profesor de comportamiento humano en la organización del IESE Santiago Álvarez de Mon. 'Quiso imponer disciplina a un equipo que va por libre y no pudo. Un directivo ha de tener autonomía para tomar decisiones en sus parcelas. Camacho debería haber peleado esa batalla porque es importante que el presidente no interfiera', señala Álvarez de Mon.

La falta de respaldo por parte de la presidencia también le ha faltado al entrenador. Juan Mateo recuerda un caso parecido, el ejemplo del italiano Arrigo Sacchi cuando entrenaba al Milán. 'Era una época muy complicada y tenía problemas con la plantilla. Entonces, el presidente, Silvio Berlusconi, se reunió uno por uno con todos los jugadores y les dejó claro que si tenía que elegir se quedaba con el entrenador'.

En opinión de Mateo, 'un directivo tiene que estar respaldado por su presidente, no le puede desautorizar porque pierde credibilidad ante la plantilla'. La única forma de dirigir a un equipo de los denominados extraordinarios, señala este experto, es 'intentar que hagan lo que el directivo quiere pero haciéndoles ver que hacen lo que quieren'. En definitiva, no se trata más que de un juego y de ciertas habilidades ejecutivas.

Cuando gestionas una plantilla con exceso de retribución, esta herramienta acaba por convertirse en un elemento desmotivador. Así lo matiza Javier Fernández Aguado, socio director de Mint Value y vicepresidente de la Asociación Internacional de Estudios sobre Management (Asiema): 'Los pumas se dejan la piel en el campo; los galácticos parece que están en un salón de baile. Es mucho más difícil gestionar el talento que la mediocridad, porque la genialidad siempre va unida a un punto de locura'. Y añade: 'Los mediocres entienden que alguien les tiene que dirigir, mientras que los genios no saben jugar en equipo. Lo que hay que saber es hacerse con el equipo'. Al no saber conducir a la plantilla y al no tener el respaldo del presidente, al directivo, en este caso a Camacho, no le queda otra salida digna que abandonar la empresa.

'Al estar privado de autoridad no tenía otra opción que marcharse. Y ha sido un ejemplo de coherencia y de honestidad', explica el profesor de dirección de recursos humanos de la escuela de negocios San Pablo-CEU, José Aguilar. Un ejemplo cuando cada vez hay más ejecutivos aferrados al sillón.

'La elección no fue la adecuada'

No entra a valorar los motivos por los que el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, fichó a José Antonio Camacho como entrenador, pero sí asegura Carlos Monserrate que esta 'elección no fue la adecuada'. Las prioridades de este profesional no encajaban con las de sus jugadores. 'Sus valores personales no coincidían. Era un diálogo de sordos, porque él apelaba a unos valores que tienen que ver con la identificación del equipo y el esfuerzo y los jugadores iban por otro lado', explica este experto, que define a un directivo como la persona que siente pasión por buscar y conseguir un resultado y lo hace a través de otro.

Siguiendo al pie de letra esta definición, 'Camacho ha actuado como buen directivo, lo que ha sido erróneo ha sido elegirle a él para gestionar a los jugadores'. Monserrate va un poco más allá y cuestiona la actuación de Florentino Pérez. 'Debería dejar claro cuáles son las prioridades del equipo, ¿el fútbol o la imagen de marca?'.

'Es necesario que desde arriba te apoyen'

Camacho, en los casi cuatro meses que estuvo al frente del banquillo del Real Madrid, no tuvo autoridad. 'Ni otorgada ni reconocida. Sus apoyos han sido muy endebles. Es necesario que te apoyen desde arriba, y le ha faltado el respaldo de arriba y el de abajo. Carecía de las principales herramientas', señala el profesor de dirección de recursos humanos en la escuela de negocios San Pablo-CEU, José Aguilar, quien califica la salida del entrenador como 'razonable'.

Podía haber seguido, pero lo más honrado cuando las cosas no funcionan es marcharse. Un modelo que muy pocos siguen. 'Una decisión de este tipo debe ser muy meditada porque debe ser ejecutada con rapidez. El problema es que hay ejecutivos que, aun privados de todo tipo de autoridad, ponen más empeño en asegurar su posición que en aportar valor a la empresa, y si su posición se encuentra debilitada lo más honesto es irse'. Por desgracia, 'no es lo más frecuente'.

'Los hay que sólo hunden empresas '

Cuando un profesional se da cuenta que las cosas no marchan bien, debería ser capaz de reconocer su fracaso. Lo razona Javier Fernández Aguado, socio director de la consultora Mint Value, para quien el ejemplo de Camacho, lejos de ser censurable, es un modelo a seguir.

'Cuando el tema se va de las manos es bueno irse. Lo que no ha hecho bien es no saber dominar al equipo. Llegó con cierta prepotencia y se encontró con el problema de no saber conjugar tanto talento', afirma. Para reconocer que se ha fracasado se requiere honradez, humildad y sentido común. 'Por desgracia, hay muchos directivos que, aferrados al poder, se dedican a hundir empresas. Cuando un directivo no consigue la confianza de los suyos tiene que marcharse'.

En su opinión, Camacho no ha actuado con impaciencia. 'Hay empresas que dan más oportunidades y no tienen en cuenta los primeros fracasos, pero por el bien de todos es mejor que abandone'.