Los modelos y su cambio
En los últimos meses la petición más reiterada en la vida económica es la de cambio de modelo. Tanto si se habla de relaciones laborales como de competencia industrial o turismo, la conclusión es idéntica. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua recoge 10 acepciones de la palabra modelo, de las que dos guardan relación con la economía. La quinta: 'Esquema teórico, generalmente de forma matemática, de un sistema o de una realidad compleja (por ejemplo, la evolución económica de un país), que se elabora para facilitar su comprensión o el estudio de su comportamiento', y la séptima: 'En empresas, indica que lo designado por el nombre anterior ha sido creado como ejemplar o se considera que puede serlo'. El sentido coloquial que tiene no es el de encontrar otro sistema de ecuaciones con mejor capacidad descriptiva o predictiva, sino de cambiar la realidad. Lo primero sería fácil, lo segundo es complicado.
La situación de cada país o de su industria es resultado de la actuación de personas y empresas, que se han movido en circunstancias distintas, con diferentes Gobiernos y marcos legales inestables. Cambiar ese resultado, además de claridad de ideas, fuerza de voluntad, consenso entre los afectados y medios, requiere tiempo. En el proceso se generan desacuerdos, cambian las circunstancias y, al final, el resultado depende de la actuación de todos, pero raramente coincide con los propósitos iniciales de los partícipes.
Hoy parece haber un consenso en torno a que algunas pautas actuales deben cambiar y, también, acerca de las causas que obligan a hacerlo, pero de ahí no se deriva que haya la voluntad adecuada. El reciente resultado de la socialdemocracia alemana en la última elección en el Sarre refleja el descontento con la reducción de prestaciones del Estado del Bienestar, pero también -en menor medida- crítica el retraso en tomarlas y la continuidad de la apertura comercial.
El eje de la reconfiguración de la actividad económica está en el cambio de actitudes que recoge el último convenio de Seat
El entorno mundial obliga a aceptar que los países de reciente industrialización tienen razón cuando exigen comerciar en todo el mundo, tienen derecho a hacerlo y fuerza para imponerlo. Ningún privilegio, en forma de jornadas laborales reducidas, prestaciones sociales altas o cualquier otro, puede sostenerse en contra de esta realidad, sólo puede subsistir sobre la base a la eficiencia o de ofertas diferenciadas en calidad y prestaciones.
Esto es más claro cuando se consideran las diferencias entre países desarrollados, por ejemplo, en EE UU y Alemania la productividad por hora trabajada es similar, pero la mitad de la diferencia en la renta per cápita a favor del primero se explica porque la proporción de personas en el mercado de trabajo es muy superior y la de parados muy inferior, y porque la duración de jornada anual es más larga. La combinación de vida laboral corta y jornadas laborales reducidas hace que el Estado de bienestar requiera presión fiscal elevada y que la competitividad se deteriore. Por eso en algunas empresas alemanas (también en Francia, Bélgica y Holanda) se acordado adecuar retribuciones y jornadas a la situación competitiva en sentido contrario al seguido las últimas décadas.
En España hay una dificultad adicional derivada de que el nivel tecnológico es inferior, y por tanto más vulnerable a la competencia externa, mientras que la renta es menor y por tanto se resiente más su reducción. De ahí que la adaptación, probablemente, siga la pauta marcada en el XVII Convenio Colectivo de Seat, en la que se pasa a una nueva organización de trabajo que incluye el trabajo en equipo y la participación de los trabajadores en el impulso de la productividad, eficiencia de las instalaciones, polivalencia, aportación de ideas y mejora continua, reducción de accidentes y absentismo, aumento de formación, calidad y otros aspectos entre los que está la flexibilidad en el uso de las posibilidades de anualización de la jornada y una mejora de la figura del cliente en todos los niveles, externo e interno.
Esa iniciativa es un reto de los que la suscriben y es la acepción segunda de la Real Academia de un modelo, esto es, 'un arquetipo o punto de referencia para imitarlo o reproducirlo'.
El eje de la reconfiguración de la actividad económica está en lo que en el convenio mencionado se reconoce como vital: 'El cambio de actitudes y formas de trabajo por parte de los componentes de la plantilla en todos los niveles (sindicatos, dirección, mandos y trabajadores)'. Esta reorientación es necesaria porque no hay un intercambio entre precio y calidad o garantía, entre diseño y servicio posventa, sino que esas y otras características son necesarias todas a la vez.
Si se trata de un país hace falta una actitud afín de las Administraciones públicas, evitando contradicciones entre ellas o entre miembros de una misma, siendo coherentes y simplificando la vida de empresas y personas.