Estrategia

Shell estudia integrar sus filiales británica y holandesa

El gigante petrolero Royal Dutch/Shell continúa con su proceso de reorganización tras el escándalo por el error en la estimación de sus reservas. Ayer anunció que había logrado un acuerdo preliminar para unificar sus consejos de administración británico y holandés, un plan que los directivos de la firma están madurando desde junio, y que tiene como objetivo simplificar la estructura, mejorar la gestión y ganar en transparencia.

Pero, según informaba ayer el diario Financial Times, la compañía quiere ir aún más lejos y en estos momentos está estudiando la fusión de Shell Transport & Trading con sede en Londres, y Royal Dutch Petroleum (La Haya), que poseen el 40% y el 60% del capital y cotizan en la Bolsa londinense y de Ámsterdam, respectivamente.

Las reformas puestas en marcha por el nuevo presidente, Jeroen van der Veer, y el director general, Malcolm Brinded, superan las expectativas de los inversores, que han criticado duramente la doble gestión y atribuyen a esta estructura un importante papel en la crisis de las reservas por su descoordinación.

La decisión tanto en el tema de unificación de los consejos de administración como de la posible fusión de las dos ramas tendrá que ser sometida a aprobación en la junta general de accionistas del próximo año.

La revisión de su estrategia y la simplificación de la estructura directiva era algo que llevaban pidiendo largo tiempo los inversores, que han mostrado su apoyo a los planes de la petrolera, cuya credibilidad ha sufrido un duro revés en los últimos meses tras revisar en cuatro ocasiones sus reservas probadas de crudo.

Fuentes próximas a las negociaciones afirman que esta reorganización es la más importante llevada a cabo por esta firma en sus cien años de historia y que no carecerá de dificultades. Asimismo, señalan que si la fusión se realiza finalmente, el proceso durará entre tres y cinco años, por el nivel de complejidad que alberga.

Shell aceptó el mes pasado pagar sendas multas por un total de 125 millones de euros a las autoridades bursátiles de Estados Unidos (SEC) y Reino Unido (FSA) por el error de las reservas.