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El inversor pierde el miedo al riesgo

El inversor español es cada vez más arriesgado, pese a que reconoce que existen carencias en lo que a su cultura financiera se refiere. æpermil;sta es una de las conclusiones que se desprende del último informe El mapa del inversor en España realizado por Deutsche Bank sobre una muestra de 2.000 individuos, hombres y mujeres de más de 18 años.

Mayoritariamente varón, el inversor de riesgo vive en poblaciones de más de 500.000 habitantes, es de clase media o media-alta y tiene entre 25 y 34 o entre 55 y 64 años, según el perfil que traza el estudio.

El número de inversores con productos de riesgo -acciones o fondos sin garantía- se ha incrementado en un 36% en los dos últimos años, por lo que a cierre de 2003 unos cuatro millones de españoles invertían de esta manera, un 12,5% de la población. La explicación de esta tendencia es clara. Los ahorradores son menos reticentes a asumir riesgos una vez los mercados de valores recuperan el tono y las posibilidades de lograr ganancias aumentan. Sin embargo, no se consideran arriesgados. Pese a que la propensión al riesgo ha recuperado los niveles de 2001, dos tercios de los encuestados se califican como conservadores y sólo un 8,9% arriesgados. Además, el 87,8% de los que tienen fondos de inversión se cree principiante o con un nivel de cultura financiera medio-bajo.

Los fondos de inversión, pese a sus ventajas fiscales, no son los más contratados

Dentro del mapa inversor español, el estudio concluye que hay comunidades más proclives a asumir riesgos. Madrileños y vascos son los ahorradores que más tienden a arriesgar en sus inversiones, mientras sucede lo contrario en Extremadura, Canarias y La Rioja.

Esto no significa necesariamente, según Carlos Oliver, director del área de banca privada de Deutsche Bank en España, que sea en las regiones donde más se arriesga -tradicionalmente con mayor nivel de riqueza- donde exista una mayor cultura financiera. 'La Rioja, con una de las rentas per capita más altas de España, ocupa uno de los últimos puestos en el ranking en lo que a propensión al riesgo se refiere', señaló Oliver. Si se distingue por sexos, los hombres son los más proclives a arriesgar. De cada 10, siete son hombres y sólo tres mujeres.

El estudio desvela que un 30,7% de los españoles tiene contratado algún producto de inversión. La motivación que les lleva a invertir es asegurarse su futuro o el de sus hijos (en el 64,8% de los casos). Detrás se sitúa la búsqueda de beneficios (55,6%), rentabilizar sus ahorros en el largo plazo (54%), en el corto (46,8%), y sólo en un 36,2% de los casos la finalidad es desgravarse de dinero.

Por productos, son los planes de pensiones los que gozan de una mayor aceptación entre la población inversora adulta. Un 16,7% tiene contratado uno, mientras que un 12,5% tiene sus ahorros en algún depósito, un 10,1% participa en uno o varios fondos de inversión y el 9,7% invierte directamente en acciones.

La tendencia, según apuntó Luis Martín Jadraque, director de inversiones de la entidad, es que la inversión en fondos de renta variable va en aumento, aunque sorprende, según Jadraque, que siendo éste uno de los vehículos de inversión con mayores ventajas fiscales no sea el más contratado por los inversores.

La falta de asesoramiento es, según Jadraque, una de las principales carencias, además de la escasa posibilidad que se da a los inversores para cambiar su fondo a otra entidad o para contratar productos de terceros. Otro de los aspectos destacados del informe es que uno de los criterios en los que más se fijan los españoles a la hora de invertir es el comportamiento del mercado (en un 44% de los casos), por detrás del consejo de su asesor o entidad (58%), sin olvidar el horizonte temporal de la inversión, que, según este experto, pocos tienen muy claro.