COLUMNA

Europa es una verdad cautiva

Una de las cosas más importantes que le ha sucedido a España tras la muerte de Franco ha sido, posiblemente, la entrada en la Unión Europea. Para los españoles que tuvieron que convivir con la dictadura y con el recuerdo de la Guerra Civil, entrar en Europa era un seguro contra la involución política, una manera de firmar ante testigos la paz con el otro bando. Para España y para su particular enfrentamiento cainita, la Unión Europea venía a jugar el mismo papel pacificador que desempeña al otro lado de los Pirineos entre Francia y Alemania.

Europa importa a la mayoría de los españoles. Si se echa mano de las encuestas del CIS, los españoles consideran que Europa ha sido buena para las infraestructuras, la cultura, la tecnología y el empleo. Y como es importante, más de la mitad de los encuestados confiesan estar bien informados sobre los asuntos europeos -sólo un 8,4% en lo referente a la preparación de la Constitución-.

Sin embargo es cuestionable la calidad de la información sobre los asuntos europeos y su impacto en España. El flujo de información y opinión tiende a producirse de manera asimétrica. Asimetría que depende de que la noticia sea a favor o en contra de los intereses de un colectivo económico. Si la noticia es desfavorable, el colectivo desarrolla la política informativa y de creación de opinión necesaria en defensa de sus intereses. Si por el contrario la decisión resulta beneficiosa, se procura discreción.

Esta asimetría informativa tiende a crear una imagen distorsionada de la realidad europea.

Europa se convierte en la materialización institucional de 'los otros'. De ahí al victimismo nacionalista no va más que un paso.

Para salir de esa situación hace falta difusión informativa y explicación política. La campaña electoral no parece darle a ello prioridad. Los programas electorales están escritos con lenguaje de iniciados, a menudo reproduciendo los farragosos textos comunitarios que nadie que no cobre por hacerlo estaría dispuesto a leer. Los principales partidos prefieren publicitar su posicionamiento respecto de Europa que sus alternativas a las políticas en curso. Sin embargo la principal preocupación de los electores no es el talante de nuestra presencia en Europa -ya estamos presentes, y nuestro peso es el que es y el que nuestros representantes sean capaces de ejercer-; sino cómo Europa decide sobre los temas que preocupan a los que en ella viven.