EDITORIAL

Regularización de empleo

La encuesta de población activa hace este trimestre su particular regularización del mercado de trabajo, puesto que aflora la relación con la actividad económica de cientos de miles de inmigrantes hasta ahora no contabilizados. Como ya hiciera en 2001, inyectará un salto cuantitativo importante en la actividad, la ocupación e incluso en el desempleo, aunque en este caso la tasa de paro se mantendrá estable en torno al 11%. Ajustará la estadística oficial un poco más a la realidad laboral, que ha registrado una acelerada ebullición en los últimos años.

Hasta ahora la EPA se elaboraba con la proyección demográfica más optimista que proporcionaba el censo de población de 1991. Pero ya con el censo poblacional de 2001, la proyección de población, teniendo en cuenta los flujos migratorios del último ciclo, el salto en el número de habitantes es de 1,2 millones de personas, mayoritariamente en edad de trabajar y con empleo. Así, los cerca de 800.000 nuevos activos proporcionan cerca de 650.000 nuevos ocupados.

El mercado de trabajo que saca a la luz la encuesta, que ha renovado las bases censales periódicamente, tiene casi 20 millones de activos y más de 17,5 millones de empleos, cifras nunca conocidas en España, que se acerca lentamente a los estándares laborales europeos, con tasas de salarización crecientes, pero sin perder de vista el mayúsculo defecto de la precarización de uno de cada tres trabajadores dependientes.

Esta regularización de empleo pone un poco más contra las cuerdas la castigada variable de la productividad, que durante los últimos ejercicios se ha contraído nominalmente mientras el empleo avanzaba más que el propio PIB. No puede esperar más una segunda regularización, la del producto, para poner en su sitio variables econométricas que ahora no cuadran.