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La Bolsa de Nueva York trata de curar sus heridas

La Bolsa de Nueva York trata de curar sus heridas después de dejar atrás el año más tumultuoso de su historia. La tarea no es fácil. La modernización del parqué genera polémica y el caso Grasso aún levanta ampollas.

Devolver el prestigio a la Bolsa de Nueva York, una organización que ha operado de la misma forma en sus más de 200 años de historia, se presenta como una tarea compleja. El escándalo de los especialistas y la polémica paga de 139,5 millones de dólares que recibió el ex presidente, Richard Grasso, siguen haciendo mella. John Thain, el nuevo presidente del parqué, estrenó su cargo en enero prometiendo una serie de reformas que tienen como objetivo curar las heridas del parqué. Los reguladores, entretanto, prevén demandar a Grasso a finales de mes.

El prestigio de la Bolsa de Nueva York quedó en entredicho después de que el supervisor de los mercados estadounidenses (SEC) destapara las irregularidades cometidas por los especialistas del parqué. Estos intermediarios tienen la función de gestionar los corros de la Bolsa de Nueva York y el regulador descubrió que en numerosas ocasiones operaron por cuenta propia y en detrimento de los inversores. Los especialistas han pactado una multa de 241 millones de dólares con los reguladores pero su futuro sigue en el aire.

Una de las reformas propuestas más polémicas es precisamente la automatización del parqué. Thain propuso la eliminación de una regla que obliga a suspender durante treinta segundos las órdenes que se canalicen a través del sistema electrónico de la Bolsa de Nueva York, denominado Direct Plus, una medida ideada para fomentar el negocio electrónico.

La SEC ha ido incluso más allá y estudia eliminar la regla que obliga que las órdenes sean ejecutadas al mejor precio, una norma que favorece a la Bolsa de Nueva York ya que ofrece los mejores precios en el 93% de los casos. NYSE no quiere ir tan lejos. Así, el debate entre velocidad y liquidez seguirá marcando la agenda del parqué un tiempo.