COLUMNA

Hasta siempre, Cinco Días

Será mi última colaboración de esta serie en Cinco Días. Lo siento, pero el nuevo destino profesional me obliga a ser neutral y no participar abiertamente en los debates públicos. Mi corta carrera de articulista de opinión se interrumpe al menos a lo largo de la legislatura que se inicia. Me voy a ordenar debates, a escuchar argumentos y, llegado el caso, a proponer compromisos. Es, pues, una suerte poder opinar por última vez, en una temporada, sobre cuestiones de actualidad.

Ha cambiado el Gobierno y en apenas una semana, incluso antes de que el nuevo Gobierno tome posesión, se ha producido un vuelco en dos cuestiones mayores de la política española: la política exterior y la europea. Y lo que es más llamativo es que la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero ha abierto un debate mundial sobre la seguridad y los métodos para hacer frente al terrorismo internacional que está revisando en profundidad lo que se suponía era inabordable: el nuevo orden mundial impuesto por el pensamiento neoconservador norteamericano después del 11 de septiembre.

La nueva política exterior que pretendió imponer José María Aznar en nuestro país se está esfumando sin la menor consideración. La imagen de soledad, a excepción de los gestos de Tony Blair y del aplauso final, que ha representado el saliente presidente Aznar en la última reunión del Consejo Europeo es ilustrativa de la falta de consistencia de la misma. Los excesos de las semanas previas a las elecciones y algunas declaraciones públicas colocaron a Aznar en una situación muy delicada.

La altivez y la épica numantina no han servido para otra cosa que para aislarnos en la UE

Meter el dedo en el ojo al prójimo es una pasión personal que no conviene ejercer en el plano internacional: cuando eres fuerte los demás te lo aguantan pero te la guardan; cuando eres débil te la devuelven con creces. A Aznar se la devolvieron con creces sus colegas en el Consejo Europeo: no hay cosa peor en política que celebren tu salida con la más absoluta de las indiferencias. 'El muerto al hoyo, y el vivo al bollo', así de cruel suele ser la política cuando administras mal tu poder.

Lo más interesante ha sido el desbloqueo que se ha producido en torno a las posibles soluciones de la posguerra en Irak. Sólo la confirmación de que la retirada de las tropas españolas del suelo iraquí se convertiría en una decisión del Gobierno español, si antes del 30 de junio no se produce una nueva resolución de Naciones Unidas, ha puesto en marcha a todas las diplomacias concernidas para encontrar una solución al dramático horizonte iraquí.

La pretensión que la retirada de las tropas suponía un éxito del terrorismo y era impracticable después del atentado terrorista en los trenes de cercanías que se dirigían a Atocha ha durado muy poco como argumento en el escenario internacional. Los que estuvieron en las Azores siguen sin explicar la utilidad de una invasión militar ajena a la legalidad internacional para frenar el terrorismo global. Es difícil considerar qué puede hacer un carro de combate Leopard frente a un malvado que ha decidido poner una mochila llena de goma 2 en un tren de cercanías. Sí sabemos que la inteligencia de la policía y los servicios de información han sido capaces de evitar que la ETA causara atentados similares en Madrid. Parece pues que la inteligencia y la información son más útiles para luchar contra el terrorismo global que los misiles de crucero o las bombas margarita.

Igual ha ocurrido en el ámbito de la UE. Tendremos Constitución europea en junio. España vuelve a ser el país constructivo que siempre fue en el debate europeo. La altivez y la épica numantina no han servido para otra cosa que para aislarnos y dejarnos privados de alternativas en asuntos que afectaban a nuestros intereses. Hay que rehacer rápido los destrozos causados por una opción europea, la que quería Aznar, que nos llevaba a ninguna parte después de que Blair se presentara en Berlín a negociar con Chirac y Schröder cuestiones muy importantes, dejando a Madrid fuera de la negociación. Los británicos nos demostraban una vez más su capacidad de adaptación y de paso nos dejaban claro que el pretendido eje Madrid-Londres, si ni siquiera sirve para conseguir que se cumpla la ley comunitaria en Gibraltar, servirá menos para que Londres decida no progresar en sus contactos con París y Berlín a menos que Madrid este presente

¡Se suponía que esto tenía que haber pasado con la nueva política exterior del Gobierno popular! Pasó lo contrario.

Adiós.

Diputado. Esta semana tomará posesión como presidente del Congreso de los Diputados