Masacre en Madrid

'Me dijo adiós con la mano'

Alicia cogió el tren de cercanías con destino a Atocha el jueves a primera hora de la mañana. Después tendría que ir en otro medio de transporte público a Puerta de Hierro, donde trabajaba en una casa como asistenta. Me dijo: 'Carmen, ¿vienes? Y le dije que no, que me llevaba Tomás, mi marido'.

Alicia, viuda hace más de 25 años y madre de cuatro hijos, solía ir en tren al centro de Madrid en compañía de sus amigas Carmen y Alejandra. Pero el jueves fue sola. Y no volvió. 'Me dijo adiós con la mano, fue la última vez que la vi', recordaba ayer en el tanatorio Sur de Madrid su amiga Carmen. 'Era la mejor persona del mundo, sólo sabía hacer el bien, ¿por qué la han matado?', se preguntaban Carmen y Alejandra. 'La buscamos por los hospitales, y a las cuatro de la mañana... estaba en Ifema, allí, hecha trozos', recordaban las amigas mientras aguardaban para entrar en el velatorio.

A las siete de la tarde, el número de cadáveres de víctimas de los atentados llegados al tanatorio Sur era de 57. En sus instalaciones hay 60 velatorios. Ningún otro tanatorio ha acogido tantos fallecidos por los atentados. 'Tus compañeros... tus primos... tus amigos... no te olvidan'. Las coronas de flores no paraban de llegar. Abrazos, ojos rojos, lloros. Unas pantallas de televisión escupían los nombres y apellidos de los cadáveres que ocupaban los velatorios. 'Mari, que está en el 19'.

Cruz Roja repartía en el tanatorio unas octavillas: 'Hablar es la medicina más curativa'

Equipos de psicólogos y psiquiatras voluntarios atendían a familiares, amigos y compañeros de trabajo. 'En realidad no podemos hacer nada por ellos. Sólo escuchar', comentaba Susana, coordinadora de la unidad psicosocial de la Comunidad de Madrid. 'Lo mejor para los familiares, para los amigos, es hablar', decía mientras trataba de coordinar a la decena de profesionales que, voluntariamente, acudieron al tanatorio.

Personal de la Cruz Roja repartía unas hojas de información para afectados: 'Habla con la gente, el hablar es la medicina más curativa. Comparte tus sentimientos. Date el permiso de sentirte mal, tenemos todo el derecho'.

Pero no todas las familias pudieron velar ayer a seres queridos. Durante todo el día, los equipos de forenses mantuvieron una frenética actividad en el Pabellón 6 de Ifema, donde siguieron con las tareas de identificación de unos 40 cadáveres.

Al mismo tiempo, una treintena de familias esperaban angustiadas la noticia que no querían escuchar. 'La gente está bastante entera porque tiene la tristeza contenida, pasarán unas horas antes de que exploten, entonces puede que nosotros ya no estemos con ellos', señala Antonio, un voluntario de Cruz Roja.

Las familias no estaban todas juntas en una misma estancia, cada una ocupaba una pequeña habitación, donde estaban arropados en todo momento por un equipo de psicólogos y trabajadores sociales. En las esquinas, mucha comida a disposición de las familias.

Durante todo el día hubo un goteo continuado de escenas dramáticas, en el momento en que las familias abandonaban el Pabellón 10 de Ifema, tras confirmar que uno de los fallecidos era su familiar. A última hora de la tarde, una veintena de familias seguían a la espera de ser llamados por los equipos forenses para identificar los restos. En su mayoría se trataba de inmigrantes, que han sido los que más han tardado en acudir a las tareas de identificación.

Pablo, familiar de una víctima

'Cambió el turno para ir por la mañana, y le pilló en Téllez'

La novia del hermano de Pablo, enfermera, cambió su turno de trabajo. El jueves, en lugar de ir por la tarde acudiría por la mañana. Murió en uno de los vagones que explotaron frente a la calle Téllez. 'Nos hemos enterado hoy a las seis de la mañana, cuando han avisado del Ifema', contaba ayer Pablo.

En el tanatorio Sur de Madrid, arropado por amigos, trataba de mantenerse firme, pero al recordar la tragedia sus labios comenzaban a temblar. 'Mi hermano vivía con su novia, era enfermera, tenía que ir por la mañana... y le pilló en Téllez'. Pablo se abraza con un amigo que acaba de llegar.

Un grupo de trabajadores de Correos charlaba a la entrada de uno de los 60 velatorios. 'Venimos a dar apoyo a un compañero que ha perdido a su hijo de 17 años', explicaba uno, 'no podemos hacer más'. 'El padre estuvo todo el día dando vueltas por los hospitales, de un lugar a otro; al final le llamaron por la noche y le dijeron que estaba en Ifema'.

María, psicóloga voluntaria

'Su hijo acababa de venir a vivir con ellos'

'Hay una historia que es la que más me ha impactado', asegura María, una psicóloga voluntaria de la Asociación contra el Cáncer. Se trata de una familia de inmigrantes suramericanos a los que había apoyado en las últimas horas; un padre y una madre que llevan tiempo trabajando en España.

'Habían mejorado su economía y habían podido traerse, por fin, a su único hijo, de 17 años. Esta mañana (por ayer) les han confirmado que el chico está muerto'.

María ha explicado que los psicólogos atienden a las azafatas de Ifema que acompañan a los familiares hasta la sala de acogida, porque 'no están preparadas para escuchar lo que les han contado'.