La empresa familiar se queda
De la profesionalización, la relación más eficaz con la universidad y las mejoras del marco jurídico y fiscal depende en gran medida el futuro de las empresas familiares. El funcionamiento eficiente de estos tres factores es más realista que esperar inversores de fuera
Llegar a la conclusión de que la empresa familiar es una parte importante del día a día de Madrid es un ejercicio que puede hacer cualquier persona que conozca un poco a las personas que trabajan aquí, sus costumbres o sus trabajos. Siendo Madrid uno de los centros neurálgicos de la economía española y la empresa familiar una de sus bases, a nadie le puede sorprender llegar a esta conclusión.
A pesar de ello, cuando escuchamos hablar de futuro, esta realidad parece olvidarse. Quizás porque al ser sede de la mayoría de las multinacionales que operan en España, el peso de las empresas familiares en su economía regional es menor que en otras comunidades, o quizás porque aún existe en la opinión pública la creencia de que familiar es sinónimo de pequeño, estas empresas no suelen mencionarse como una de las claves del potencial competitivo de nuestra sociedad.
Las familias emprendedo-ras deben apostar por estructuras empresariales profesiona-lizadas e innovadoras, capaces de combinar la propiedad con el buen gobierno
Este hecho carece de sentido, sobre todo en un momento en el que la deslocalización es uno de los problemas que aparece diariamente en los medios de comunicación y que más afecta a las regiones que tradicionalmente han recibido inversiones de fuera. La empresa familiar es siempre un proyecto a largo plazo -sin este requisito no puede dársele este calificativo- que raramente deja sus lugares de origen. Es cierto que cada vez es mayor su tendencia a la internacionalización y que, para ser competitivas, han de invertir a menudo en diferentes zonas, pero también lo es que son fieles a sus orígenes. Por eso no es extraño que la vida de muchas localidades esté vinculada, y a menudo se confunda, con la de una familia de emprendedores y sus negocios. Desde este punto de vista, la empresa familiar es sinónimo de industrias y servicios que nacen para quedarse aquí.
Que Madrid sea un centro neurálgico de multinacionales es además un hecho positivo porque significa que las empresas de aquí se están enfrentando a una tremenda competitividad en sus mercados de origen, lo que las hace estar preparadas para moverse bien en cualquier otro lugar. En este sentido, la empresa familiar madrileña es sinónimo de industrias y servicios competitivos y con proyección internacional.
Teniendo en cuenta todo esto, es imprescindible prestar una atención especial a las empresas familiares, conocer mejor sus problemas, trabajar para eliminarlos y aprovechar al máximo las ventajas que tienen. Esta atención tiene que enfocarse en tres direcciones.
En primer lugar, hacia las propias familias emprendedoras. Hay que trabajar para que apuesten por estructuras empresariales profesionalizadas e innovadoras, capaces de combinar el control de la propiedad con el buen gobierno corporativo. Esta labor constante debe hacerse desde la propia cultura de la familia. æpermil;sta no tiene por qué intentar inculcar obligatoriamente el espíritu emprendedor a todos los descendientes, pero sí hacerles entender la importancia que tiene el proyecto que un día heredarán. Además, debe mezclarse con la de las personas que, sin pertenecer a estas empresas, se relacionan de alguna manera con ellas.
En segundo lugar, hay que dar mayor importancia al papel de la universidad y de las escuelas de negocios en la formación de las familias emprendedoras y de los profesionales que van a trabajar en sus empresas. Madrid cuenta con tres cátedras de empresa familiar, en las que anualmente estudian casi 300 personas, y con varias escuelas de negocios de renombre que tienen programas específicos. Sin embargo, el potencial investigador de todas estas infraestructuras está por desarrollar. Estas instituciones deberían esforzarse en reducir uno de los problemas de la universidad española: su falta de conexión con el mundo real, que a veces permite que un estudiante de Empresariales pueda acabar su carrera sin haber tenido jamás contacto con una emprendedor de carne y hueso.
En tercer lugar, hay que seguir prestando atención al marco jurídico y fiscal de las empresas familiares. Este marco, que ha mejorado estos últimos años, es fundamental en la reducción de su mortalidad. Este objetivo puede alcanzarse a través de reformas que hagan más fácil los procesos sucesorios, facilitando la utilización de nuevos mecanismos de financiación y dando una mayor seguridad jurídica al protocolo familiar.
Del funcionamiento correcto de estos tres factores, profesionalización, universidad y marco legal, y de su interrelación, depende en gran medida el futuro de las empresas familiares madrileñas y, por extensión, de la economía de esta comunidad. Lograr que este funcionamiento sea eficiente y que esta interrelación sea fluida no es un objetivo sencillo, pero sí es más realista que esperar la llegada de nuevos inversores de fuera. Por los cambios que hemos llevado a cabo estos últimos años, por nuestro potencial económico y por las oportunidades que representa un mercado global, es a nosotros a quienes nos toca invertir, aquí y fuera, y son nuestras empresas familiares las que mejor pueden hacerlo.