Una independencia difícil
Apesar de las presiones, el BCE mantuvo los tipos de interés en su reunión de principios de mes. Siempre que la alternativa rechazada es más popular que la adoptada se necesita valor para nadar contra la corriente de la opinión pública y, en este caso, también de parte de las instituciones financieras relacionadas con los mercados bursátiles, favorables al abaratamiento del crédito. En estos momentos, la apreciación del euro frente al dólar añade dificultades a la exportaciones de la UE, facilita el acceso de las importaciones y debilita el proceso de recuperación, lo que refuerza la presión.
La actividad de un banco central estriba en encontrar un óptimo entre actitudes deseables pero contrapuestas. Requiere, como toda actividad bancaria, eficiencia y discreción, pero necesita transparencia de actuaciones y publicidad del análisis hecho y las orientaciones sugeridas. Para el buen resultado de las decisiones tomadas se precisa la sorpresa a fin de evitar que esas medidas hayan sido anticipadas y contrarrestadas, lo que ocurre si las acciones son previsibles. Las presiones suelen ser fuertes porque el impacto de las medidas de política monetaria puede ser rápido e intenso, favoreciendo o perjudicando a grupos diferentes. Hay veces en que las presiones son legítimas y hasta correctas, pero ceder a ellas puede deteriorar la credibilidad en la independencia de la institución, que es un elemento valioso.
El IPC de la UE tiene un crecimiento moderado, con lo que no parece haber riesgos inflacionarios por el hecho de bajar el coste del crédito. Sin embargo, hay factores que aconsejan prudencia, y no sólo porque los intereses ya están en niveles muy bajos. Así, la oferta monetaria excede con mucho el crecimiento real de la economía, por lo que cualquier reactivación podría generar un fuerte aumento en precios. Otro aspecto es la apreciación del euro, que abarata las importaciones y contiene el IPC. Si el euro se depreciara, el petróleo y otros productos se encarecerían y se perdería el control de precios. Otro riesgo está en la negociación salarial que, si en un contexto de paro elevado es enérgica, con mayor aumento de precios podría ser un factor de complicación.
La oferta monetaria en la zona euro excede con mucho el crecimiento real de la economía
También hay contrapartidas, como las que sufriría el grupo menos arriesgado de ahorradores, que en países como España tiene rendimientos reales negativos y vería mermada más la rentabilidad de sus depósitos y títulos de renta fija. Donde, como Irlanda o España, el precio de la vivienda sube con brío, el descenso del coste del crédito hipotecario mantendría la tendencia alcista y propiciaría más endeudamiento de las familias, que podría tener derivaciones indeseadas. Además, como no es descartable que la situación no se deteriore, si ya se han agotado las posibilidades de la política monetaria, no habrá posibilidad de reacción, así que no está de más guardar algo de munición.
La independencia es un valor porque el horizonte temporal de la política suele ser más corto que el de los técnicos. Si predomina la primera, podrían tomarse decisiones de resultado inmediato que darían lugar a un crecimiento frágil y a problemas difíciles. Si se pierde la independencia, con ella se va la confianza en el poder de compra de la moneda. En los billetes de dólar aún viene la mención 'This note is legal tender for all debts, public and private', pero en los europeos, leyendas como 'El Banco de España pagará al portador...' ya no vienen. Los billetes se aceptan por la confianza en que serán aceptados por terceros sin mengua en su valor y al BCE le corresponde mantener ese poder de compra.
El artículo 108 del Tratado constitutivo de la UE dice que 'en el ejercicio de los poderes y en la ejecución de las funciones y las obligaciones que les asignan el presente tratado y los estatutos del SEBC Sistema Europeo de Bancos Centrales, ni el BCE ni ningún banco central nacional, ni ninguno de los miembros de sus órganos de decisión pueden solicitar o aceptar instrucciones de las instituciones o los órganos comunitarios, ni de los Gobiernos de los Estados miembros ni de ningún otro organismo. Las instituciones y los órganos comunitarios, y también los Gobiernos de los Estados miembros, se han de comprometer a respetar este principio y a no intentar influir en los miembros de los órganos de decisión del BCE o de los bancos centrales nacionales en el ejercicio de sus funciones'. La duración del mandato de los miembros del consejo, la prohibición de dar crédito a los Ejecutivos y la negación de acceso privilegiado a entidades financieras y otras medidas están para que la separación institucional permita considerar debidamente el futuro y a los de menos voz, pero no menor razón.