Eurozona

Francia apoya a Schröder en su clamor por un recorte de los tipos

El primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin, ha asegurado hoy que "comparte la opinión" del canciller alemán, Gerhard Schröder, sobre la necesidad de que el Banco Central Europeo (BCE) reflexione sobre el nivel actual de sus tipos, en el 2%, y los baje.

Durante un encuentro con la Asociación francesa de Periodistas Económicos y Financieros francesa, Raffarin aseguró que "las paridades monetarias no son conformes a las realidades económicas" [menores exportaciones y deterioro de la confianza de los empresarios] y que la aceleración de las diferencias y los "brutales" movimientos en los mercados de cambio no son una buena situación para EE UU ni para Europa. "Esta postura fue ya expresada por los ministros de Finanzas durante el G7" de Boca Raton (Florida), a principios de febrero, subrayó, y destacó que la cuestión de los tipos de cambio no conlleva "fragilizar el crecimiento".

El canciller alemán pidió ayer al Banco Central Europeo una reducción de sus tipos de interés para combatir la apreciación actual del euro frente al dólar. Hoy arranca su visita oficial de dos días por EE UU, donde pronunciará un discurso en Chicago fundamentado en que cualquier apreciación significativa adicional de la divisa comunitaria dañaría la economía mundial. En el mercado de Fráncfort, el euro da muestras hoy de haberse relajado. Su cotización desciende a los 1,2419 dólares, mostrando un descenso significativo de las últimas sesiones.

"La fuerte participación de las economías de Alemania y EEUU en el comercio mundial nos compromete a mantener las condiciones comerciales estables", reza el texto divulgado por adelantado por la agencia Reuters. El secretario del Tesoro estadounidense, John Snow, aseguró hace unos días que Washington está en la senda de una rápida recuperación y repitió su respaldo a un dólar fuerte. A principios de mes, sin embargo, se había pronunciado a favor de lo contrario, prometiendo que resistiría la presión europea, puesto que un dólar débil permite que el PIB de la primer potencia crezca imparable y favorece a sus exportadores.