TRIBUNA

Lo que las cifras esconden

Los resultados económicos del sector de telecomunicaciones muestran una solidez que no parece corresponderse con su tan aireada crisis. El sector mundial creció un 5,5% anual de 1999 a 2003 (de 912.000 millones de dólares a 1,13 billones de dólares, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones), si bien de forma dispar (16,7% las comunicaciones móviles y -1,7% las fijas domésticas).

En España las cifras son aún más impresionantes (aunque las bases pueden ser diferentes), con un crecimiento anual del 14,5% en el periodo 1999-2002, un 27,5% las móviles y un 8% las fijas. El sector representa el 4,6% del PIB, tras subir un 24,3% desde 1999, e invirtió en 2002 el 3,2% de la Formación Bruta de Capital Fijo, frente al 6,6% de 2000.

Estas cifras parecen confirmar la importancia del sector en la creación de riqueza. Pero lamentablemente esconden una realidad que permite dudar de ese aforismo. Así, el sector sólo es capaz de aportar el 0,5% del empleo del país y con una fuerte tendencia a la baja.

Hay muchas cuestiones pendientes para que el sector español de las 'telecos' llegue a ser lo que aparenta

Los operadores ya no invierten por consideraciones tácticas (estar presentes en todos los mercados y con todas las tecnologías), sino con criterios estratégicos, selectivamente en los mercados y tecnologías más rentables para reducir costes y generar ingresos. Esta tendencia hará que las inversiones previstas sean relativamente menores tanto como los costes de operación. Si actualmente la relación entre costes operativos y costes de capital es de cuatro veces, aunque se recuperen en parte las inversiones, los costes operativos deberían bajar para tender a la relación histórica de 1,5. Esto explica las previstas reducciones de plantilla de los grandes operadores.

La trascendencia del tema va más allá una estadística, ya que se trata del sector que más personal experto en tecnologías de la información y telecomunicaciones ocupa. La descapitalización de conocimiento que esta tendencia supone es difícilmente evaluable. Sólo Telefónica ha prescindido de 29.000 empleos en los últimos siete años; aunque sólo la mitad fueran titulados se habrán perdido más de 50.000 hombres expertos/año. Es un empobrecimiento del capital intelectual que no reflejan los datos económicos del sector.

Se dice que su gran importancia está en su carácter horizontal, como medio de aumentar la productividad y competitividad de otros sectores. Pero debemos desmitificar este concepto. Las redes y servicios de telecomunicaciones son cada vez más una comodity para el transporte de señales, y por tanto más un coste para las empresas que un elemento de producción. El verdadero valor productivo para éstas está en sus medios técnicos y aplicaciones internas, más propios de los sectores de tecnologías de la información y de contenidos que del de telecomunicaciones. Lamentablemente el valor añadido nacional, el desarrollo y la innovación, y la capacidad de exportación en esos sectores son relativamente muy pequeños comparado con países de nuestro entorno. Así, las cifras esconden la debilidad de estos sectores afines y convergentes.

Si las telecomunicaciones deben ser la base de la sociedad de la información (SI) para posibilitar las oportunidades igualitarias de los ciudadanos, la necesaria asequibilidad de los servicios de telecomunicación favorecerá su comoditización, desalentando la pluralidad de inversiones y ofertas en áreas geográficas cada vez más extensas. El apalancamiento de los ingresos con nuevos modelos tarifarios no favorecerá la creación de demanda. En España había 43,1 líneas/100 habitantes contra 55,4 en el promedio de la UE en 2001. Las cifras del sector esconden una importante brecha digital.

El desarrollo de la SI no es un problema de oferta, sino de creación de demanda con aplicaciones y contenidos atractivos y asequibles. Pero también el consumidor deberá asumir un riesgo inversor. Las cifras del sector esconden la falta de incentivos para la demanda.

Son muchas las cuestiones-sugerencias que nos surgen para que el sector llegue a ser lo que aparenta. ¿No podría estudiarse un plan industrial nacional para la creación de valor en tecnologías de la información y telecomunicaciones? ¿No debería redefinirse el Servicio Universal con objetivos de demanda satisfecha más que de oferta? ¿No podría el Estado colaborar con la iniciativa privada en las inversiones necesarias para extender redes y servicios? ¿No podría estudiarse traducir las bajadas del impuesto sobre la renta en incentivos fiscales a la inversión y uso de las tecnologías de la información y telecomunicaciones?

Analista del sector de tecnologías de la información y la comunicación emiliolera@terra.es