Retirada

Un político valorado de forma dispar por grandes y medianas constructoras

Polémica, exigencia, temor y tensión han sido las características esenciales de la relación de Álvarez-Cascos con las empresas contratistas del Ministerio de Fomento, sobre todo de las constructoras. Existe un consenso más o menos extendido sobre que en estos cuatro años el ministro ha sabido aprovechar al máximo la disponibilidad de fondos comunitarios y presupuestarios para impulsar el plan de infraestructuras.

Por contra, el reparto de ese jugoso pastel de obras ha generado una intensa polémica en el sector. Las grandes constructoras consideran que se ha primado en demasía a medianas y pequeñas firmas , sin 'la capacitación técnica suficiente en algunos casos'. A su vez, este tipo de empresas considera meritorio que Álvarez-Cascos haya abierto a la competencia las licitaciones en un momento en que ha habido trabajo para todos. La patronal Aerco considera que con este ministro, 'por primera vez, se ha diseñado un plan de infraestructuras sólido, razonable y que se ha cumplido'.

La critica sí es casi unánime a la hora de valorar las formas de trabajar de este político, considerado prepotente, déspota, vehemente, carente de cualidades para trabajar en equipo y que ha generado el terror entre sus subordinados y proveedores.