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CincoSentidos

Redescubrir el sombrero

Para lucir bien un sombrero hay que tener un estado de ánimo especial', sentencia la diseñadora Candela Cort, mientras posa con sus creaciones en el luminoso taller que tiene en Madrid. Pese a que se niega rotundamente a desvelar los nombres de sus clientas, datos como que más de una veintena de sus diseños fueron lucidos en la boda de la infanta Cristina son una muestra del éxito de su trabajo. Así, por un precio que oscila entre los 100 y los 500 euros, Cort elabora diseños para las cabezas más exigentes del país.

Su trabajo puede apreciarse tanto en desfiles de moda como en exposiciones, cine e incluso óperas. Organza, tul, chapa metálica, seda, plumas son algunos de los materiales que utiliza para realizar sus creaciones. 'Mis diseños no pasan de moda y muchos ni siquiera tienen temporada, pueden ponerse en verano e invierno', explica. Cort apuesta rotundamente por 'el sentido común y la comodidad' en el uso de esta prenda, aunque reconoce que es partidaria de aguantar con el sombrero puesto tanto como sea posible. 'Aunque sea muy ligero el sombrero, siempre estropea el peinado y el pelo queda peor cuando una se lo quita'. ¿Las claves de esta prenda? 'Para mí son tres: que no pese, que no lastime y que no dé calor'.

Si Candela Cort encarna el sombrero sofisticado y de vestir, Fátima de Burnay representa la modernidad mezclada con la inspiración retro. Sus sombreros, realizados con terciopelos, tejidos antiguos, rafia y tules, recuerdan a los lucidos por las divas del cine mudo o por las alegres flappers (chicas modernas y siempre a la moda) de los primeros cuentos de Scott Fitzgerald. De Burnay ha reconvertido su taller en una tienda -Kala- que regenta con su prima, la modelo Eugenia Silva. Allí, por un precio que oscila entre los 120 y los 200 euros, vende sus sombreros, los bolsos de la diseñadora Carmen de Pablo y la bisutería, complementos e incluso cosmética (las cremas de Odile Lecoin) que su prima Eugenia trae de distintas ciudades del mundo.

'La clave del sombrero es que no pese, que no lastime que no dé calor'

¿Demasiada sofisticación? Para aquellas que prefieran sombreros más urbanos y deportivos, Laura Losada, propietaria de la boutique Mott, ofrece en su tienda los modelos de la diseñadora japonesa Misaharada por algo más de 100 euros. Realizados en fieltro, lana y algodón, los divertidos sombreros de Misaharada son perfectos para ir a trabajar o protegerse del frío. 'Cada vez la gente usa más los sombreros. Tengo clientas de 25 a 40 años', explica Laura.

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