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A la caza de palos ilegales

La aparición en escena de un policía del circuito profesional PGA Tour en el pasado Mercedes Championships, el torneo estadounidense que ganó el australiano Stuart Appleby, es un elemento disuasorio para aquellos golfistas que, con el afán de enviar la bola más lejos que sus rivales, emplean drivers que no cumplen las reglas aprobadas por el Royal & Ancient Golf Club de St. Andrews y la Asociación del Golf de Estados Unidos (USGA).

Como si se tratara de un inspector de Hacienda, un ejecutivo del circuito más poderoso del mundo apareció el pasado fin de semana en Maui (Hawai) para controlar el uso de los palos ilegales, cuya utilización fue denunciada el año pasado por Tiger Woods, que comprobó cómo jugadores, física y técnicamente inferiores, le sacaban hasta 20 metros desde el tee.

Un artilugio no más grande que la cartera de un abogado, desarrollado por Matt Pringle, de la USGA, se trasladará de torneo en torneo para efectuar un test de medición de material a todos aquellos golfistas que lo soliciten. Pasar la prueba es voluntario, aunque después de jugar y de forma aleatoria, como sucede en los controles antidopaje, los jugadores pueden ser requeridos para que muestren el material empleado. En caso de que incumplan los límites fijados, el infractor será automáticamente descalificado.

La guerra comercial a la que se han lanzado todas las marcas para inundar el mercado con su material, asegurando a los golfistas la obtención de una distancia extra, les llevó a la fabricación de un tipo de driver -la madera metálica que los jugadores emplean en la mayoría de los casos para efectuar el golpe de salida-, con el que gracias a las nuevas tecnologías imprimen un efecto a la bola que sale despedida con mayor fuerza hacia el objetivo.

Las caras de estos drivers, en el momento del impacto, experimentan un efecto de retroceso que es inmediatamente contrarrestado por uno mucho mayor de catapulta. Un retorno despide la bola a toda velocidad.

Quejas de tiger

El hecho ocurrió el año pasado y fue la gota que colmó el vaso. Jugaban Tiger Woods y el argentino Eduardo Romero, cuando tras pegar sendos buenos drivers desde la salida llegaron a la primera bola, situada en el centro de la calle.

Tiger, instintivamente, se apartó hacia un lado para que Romero jugara el segundo golpe. El argentino le avisó: 'Lo siento, Tiger, pero esta es tu bola, la mía es la de ahí delante'.

El número uno, incrédulo, vio cómo le habían pisado la salida más de 20 metros. Su enfado, que ya venía de atrás, le llevó a hablar de la cuestión y la USGA admitió la proliferación de estos palos fuera de la ley y la inmediata adopción de medidas.

De momento en Europa no está previsto que se adopte algún tipo de medida de control.