COLUMNA

Marte y Venus

En los prolegómenos de la guerra de Irak, la tesis favorita de uno de los ideólogos neoconservadores norteamericanos, Robert Kegan, consistía básicamente en hacernos comprender que el orden internacional, en su sentido más amplio, tenía sus reglas y sus consecuencias derivadas de la elemental constatación de que EE UU quiere cumplir con su papel natural de dirigir el mundo.

Era, pues, lógico que EE UU se apropiara del dios de la guerra, Marte, como gran referencia emblemática, ya que dirigir el mundo implica necesariamente ser capaz de imponer tus tesis y tus valores a través del combate, de la guerra victoriosa.

Peor lo teníamos los europeos, o al menos los viejos europeos, empeñados mucho más en dialogar con el mundo que en dirigirlo. Peor aún lo teníamos por el hecho de pretender recurrir a las artes de la seducción para tener que conseguir que nuestras tesis y nuestros valores fueran respetados en el orden internacional. No es de extrañar que la perspicacia del neoconservador Kegan nos otorgara a los europeos el papel de Venus.

Cabe preguntarse si la Fed y el Tesoro de EE UU han decidido actuar para depreciar el dólar

La consecuencia era fácil de establecer: siempre el rudo y determinado Marte sería más seguro que la seductora y voluble Venus. Sólo Marte sería capaz de establecer unas reglas reconocidas y respetadas por todos, porque los demás -lo que se llama el resto del mundo- sólo entienden la firmeza ejercida sin complejos, es decir, deben comprender que detrás de cada decisión de Marte estará siempre su colosal fuerza guerrera. En Marte todo es fuerte: su Gobierno, sus políticas, su economía, su moneda, su sociedad… No sólo todo es fuerte en Marte, sino que además necesita siempre exteriorizar esta fuerza. La fuerza es el elemento central que sustenta la lógica del sistema.

La vida suele demostrar que una cosa son los diseños ideológicos, tanto los conservadores como los de izquierda, y otra cosa muy distinta las necesidades del momento. Me refiero a la situación que se está viviendo en el mercado de divisas entre el dólar y el euro.

Al parecer, la lógica de dominio que exigía también en el ámbito económico una moneda fuerte no sólo no se está cumpliendo sino que da la sensación de que esta vez el rudo Marte está dejando hacer para que hábilmente su moneda se deprecie progresivamente, lo que ha provocado que la moneda de la dúctil Venus haya ganado una fuerza que casi nadie había imaginado.

Lo malo de este incumplimiento de la lógica geoestratégica de Marte es que nos puede acarrear a los hijos de Venus, si esta circunstancia se extiende en el tiempo, un serio problema en nuestra economía. Todavía renqueante la situación económica en Francia y Alemania, habiendo cosechado un gran fracaso colectivo a la hora de aprobar la nueva Constitución europea y con un clima de desconfianza notable entre los líderes europeos tenemos que concluir que no es el mejor de los escenarios posibles para que se acelere la tan deseada recuperación económica en la Unión Europea.

Tener que competir con el rudo Marte, que necesita también recuperar su propia economía y confianza en el futuro porque en el próximo mes de noviembre hay de nuevo elecciones, será muy complicado en las condiciones de un euro fuerte y tal vez se llegué a la enojosa situación en que sea necesaria la intervención del Banco Central Europeo.

Cabe preguntarse si lo que está pasando no obedece a algo más simple: la Reserva Federal (Fed) y el Tesoro norteamericanos han decidido actuar sobre el dólar permitiendo su depreciación para reducir su desequilibrio comercial y cobrarse en los primeros meses de este nuevo año los gastos extra originados por la guerra de Irak en su ya abultado déficit fiscal.

La vieja formula de abaratar tus exportaciones encareciendo la de tus competidores unida a una recuperación del consumo interno parece ser la línea de ataque del fiero Marte para devolver el tono a la economía norteamericana y así disponer de un escenario más favorable para volver a ganar las elecciones.

¡Dios mío, meses y meses oyendo lo de Marte y Venus a tanto neoconservador…!

Portavoz de Asuntos Exteriores del Grupo Socialista en el Congreso