EDITORIAL

El futuro incierto del comercio

Mientras la Unión Europea se esfuerza en unificar las distintas legislaciones comerciales para conseguir un auténtico mercado interior único, la vocación intervencionista de los dirigentes autonómicos y municipales ha creado en España una auténtica 'maraña legislativa' en materia de distribución comercial. Los efectos negativos de ésta se traducen en un deterioro de la capacidad competitiva y de la inversión de las empresas del sector.

Tras las denuncias, primero, de la Comisión Europea, en su informe sobre el estado del mercado interior de los servicios, y del Tribunal de Defensa de la Competencia, en julio pasado; son ahora las cámaras de comercio las que advierten sobre los perjuicios que este desbordamiento normativo está provocando sobre las estrategias de comercialización de las empresas.

La aparición de efectos frontera entre comunidades autónomas vecinas con regulaciones diversas en materias de horarios, rebajas o limitaciones de dimensión de los establecimientos; la ruptura de la unidad de mercado que inspira la Constitución y la inseguridad jurídica para las empresas son algunos de los problemas relevantes que empiezan a detectarse en el sector de la distribución. Estas situaciones generan incertidumbres que aplazan o paralizan las decisiones de inversión.

En una sociedad en la que calidad, especialización, nuevas tecnologías y concentración frente al poder de los distribuidores se imponen como factores de competitividad del comerciante, la tarea de las distintas Administraciones debe alejarse de caducas orientaciones proteccionistas para impulsar y apoyar el acceso a estos nuevos instrumentos competitivos. Debe superarse, de una vez por todas, el falso debate entre grandes y pequeños, para conseguir un comercio eficiente y moderno en el que hay espacio para todos.