COLUMNA

'Vacas locas' en EE UU

La industria de vacuno genera una actividad económica en EE UU valorada en 188.000 millones de dólares y da empleo a 1,4 millones de trabajadores. De este volumen de operaciones, las ventas de ganado representan 40.000 millones de dólares, un 20% de los ingresos del sector. Por tanto, no es sorprendente que la aparición del primer caso de vacas locas haya desatado las alarmas acerca de su posible repercusión sobre lo que se percibe como una recuperación todavía débil de la economía estadounidense. En anticipación de posibles males, incluso el ya largo proceso de depreciación del dólar se ha visto acentuado, en un contexto de débil negociación en los mercados de divisas.

Las primeras estimaciones sugieren una posible caída en el precio del ganado vacuno en torno a un 15%, y un descenso en las ventas equivalentes a un 10% de la producción, lo que podría implicar una pérdida de 2.000 millones de dólares para la industria productora de vacuno. Afortunadamente, el problema surge en un contexto favorable para el sector, que ha visto crecer las ventas de vacuno casi un 20% durante 2003. Simultáneamente, los precios estaban en máximos históricos, y un descenso como el mencionado los dejaría en niveles que podrían considerarse normales.

Como referencia próxima, disponemos de la aparición de un caso similar en Canadá. Las autoridades del país perdieron demasiado tiempo en aclarar el alcance exacto del problema que, afortunadamente, resultó estar bastante contenido, lo que evitó que el problema tuviera un impacto económico significativo a largo plazo. Los efectos fueron importantes a corto plazo, porque este país exporta el 60% de su producción y clientes importantes, como EE UU, cerraron sus fronteras a los productos afectados.

Las autoridades deben dar una información veraz y precisa, aunque la situación resulte peor de lo esperado

En una perspectiva amplia, los problemas derivados de la aparición de la enfermedad consisten en desviar la demanda doméstica de carne de vacuno hacia otros productos sustitutivos, cuyo precio podría elevarse como consecuencia del desplazamiento de la demanda, como ocurrió en parte de Europa cuando se detectaron los primeros casos de la enfermedad en el continente. Desde este punto de vista, se produce una redistribución de renta desde un sector productor a otro y, en consecuencia, las pérdidas netas son las que se producen por el lado de las exportaciones. EE UU exporta el 10% de su producción de vacuno y, tanto por razones estrictamente sanitarias como por razones políticas, cabe esperar que estas ventas exteriores se vean drásticamente afectadas a corto plazo. En realidad, el mecanismo doméstico de sustitución es algo más complejo y menos favorable, debido a la posibilidad de que se produzca una cadena de efectos si el problema se alarga en el tiempo o se extiende geográficamente: al reducirse la demanda, los ganaderos rebajan su producción, con lo que los mercados de grano sufren asimismo las consecuencias, y así sucesivamente.

A corto plazo, es indudable que el impacto sobre la industria de vacuno va a ser muy importante, y ello tiene cierta repercusión sobre la economía en general. Si el problema es transitorio, las distorsiones secundarias generadas sobre toda la cadena de producción agrícola son mucho menores y la recuperación del sector es relativamente sencilla. Si, por el contrario, debido a su extensión, la solución del problema se alarga en el tiempo, puede desarrollarse la cadena de efectos sobre industrias afines, extendiendo así a través de la economía los negativos efectos de la enfermedad. La recuperación de los sectores afectados es entonces mucho más difícil y el impacto global sobre la economía es significativamente mayor.

Como en tantas otras ocasiones, el impacto final dependerá de la diligencia con que actúen las autoridades en la detección de la cadena seguida por la enfermedad y en evaluar su extensión, y en la naturaleza de los resultados que obtengan de tal análisis. La capacidad de tranquilizar a consumidores domésticos y extranjeros, y hacerlo con rapidez, es clave, si bien está condicionada porque los resultados de la investigación sean favorables. Sobre esto último las autoridades del sector poco pueden hacer, pero sí pueden asegurarse de proporcionar una información veraz y precisa. Incluso si la situación resulta ser peor de lo esperado, ésta es la mejor manera de aminorar sus negativas consecuencias.