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Volando en la nieve

Garmisch y Partenkirchen eran dos municipios vecinos, pero independientes; hasta que en 1936 se unieron para celebrar los Juegos Olímpicos de Invierno. Se construyó un estadio con dimensiones y estatuas de aliento hitleriano (Hitler tenía cerca un escondrijo en las alturas, el Nido del Águila, ahora una especie de pub con mirador desde el cual la vista barre 200 kilómetros a la redonda). Después de aquello, en esta región alemana se han vuelto a celebrar campeonatos olímpicos. Junto a uno de los dos estadios olímpicos, se encuentra la célebre pista Kandahar, desde cuyo trampolín se lanzan cada principio de año los mejores del mundo para arañar en el aire unas décimas de segundo a las mejores marcas.

El dúplice municipio es la capital deportiva de los Alpes Bávaros y uno de los once lugares exclusivos que pueden ostentar el sello de calidad Best of the Alps, junto a un dream team en el que figuran Saint Moritz, Chamonix o Cortina d'Ampezzo. Puede parecer chocante, pero Partenkirchen fue fundada por los romanos con el nombre de Partanum. Aún se chapurreaba latín cuando en el siglo VI creció el poblado germánico de Germareskove, actual Garmisch, ya que la zona está en un corredor que durante más de 500 años unió a Alemania con el imperio romano. Camino transitado en la edad media y renacimiento por el tráfico comercial de los Fugger (nuestros Fúcares banqueros) y los Welser, y aprovechado para sacar, a través de ríos y torrenteras, madera de los bosques alpinos.

Ese camino sigue plagado de jalones históricos. Descendiendo hacia el sur y la barrera alpina desde la capital bávara, Múnich, hay que sortear paisajes y lagos de cuento, con pueblos de armazón tradicional y y balcones atiborrados de flores. La autopista sigue prácticamente el pasillo abierto por el Loisach, uno de los ríos que desagua las nieves acopiadas en el bullón de montañas presididas por la Zugspitze, el pico más alto de Alemania (casi tres mil metros) e icono de montañeros.

100 kilómetros de pistas

Garmisch, a sus pies, ofrece una agitación nada proporcionada a su tamaño. Desde que se inauguró la vía férrea entre el pueblo y la capital en 1889, el turismo no hizo sino crecer. Ahora posee más de cien kilómetros de pistas de descenso, medio centenar de remontes y casi 200 kilómetros de loipen (pistas de esquí de fondo). En invierno resulta radiante porque en verano el lugar parece desnudo sin su ropaje de nieve.

Además de una gran animación après-ski (los hoteles y complejos organizan veladas y fiestas), hay mucho que ver en la ciudad y en los alrededores. En el casco antiguo, muchas casas de la zona peatonal lucen frescos de escenas campesinas que cubren su fachada. La parroquia de San Martín no desdice la opulencia de las iglesias barrocas de Baviera. Está, además, la casa del compositor Richard Strauss, que vivió en ella hasta su muerte en 1949. A un paso del centro urbano se encuentran las gargantas de Partnaach, escurridero de un glaciar de la Zugspitze. Antaño se empleaba la corriente para sacar flotando la madera cortada en la montaña. En 1905 se abrió este desfiladero al turismo, para lo cual hubo que cavar túneles en la pared de roca. El agua ruge con fiereza y escupe un polvillo que cala los huesos (por más que a la entrada alquilen un chubasquero). A la Zugspitze se puede subir en tren cremallera o teleférico. Allí arriba se puede practicar esquí sin fronteras, un patinazo o una voltereta pueden hacer que aparezcas despatarrado en el Tirol.

Guía para el viajero

Cómo ir

Para acceder a Garmisch-Partenkirchen se puede utilizar el aeropuerto de Múnich (a unos 90 kilómetros), pero también el de Zúrich o Innsbruck. Lufthansa (902 220 101) tiene tres vuelos diarios desde Madrid a Múnich a partir de 230 euros ida/ vuelta sin tasas. De Múnich a Garmisch hay conexión por tren, y la autopista A95.

Alojamiento

Para informarse de las ofertas combinadas de alojamiento y esquí se puede contactar con el Zugspitze (teléfono 08821/7970, fax 08821/797-901 o en Internet en www.zugspitze.de). El hotel Wittelsbacher Hof (Von Brugstrasse 24, 08821/53096) tiene espléndidas vistas al Zugspitze. Aunque caro cuenta con piscina, sauna y spa. Gasthof Fraundorfer, en Ludwigstrasse, 24 (teléfono 08821/9270), es una pequeña fonda (Gasthof) tradicional en el casco antiguo muy acogedora. En su taberna-restaurante se celebran espectáculos folclóricos. El Hotel Bergland (Alpspitzstrasse, 12-14, Grainau, teléfono 08821/98890) está en el pueblo de Grainau, a unos dos kilómetros de Garmisch, en la falda del Zugspitze. Es pequeño, pero acogedor, sobre todo su comedor con chimenea.

Comer

Posthotel Partenkirchen (Ludwigstrasse 49, 08821/93630), en pleno centro. Esta antigua posta es uno de los locales más hermosos de la zona, con el comedor instalado en una bodega de 500 años decorada con pinturas. El menú cambia a diario y tienen fama sus tartas. Reindl's Partenkirchner Hof (Bahnhofstrasse, 15, 08821/58025) es un prestigioso hotel cuya cocina, dirigida por la hija del propietario, se atiene a la tradición bávara y ha sido internacionalmente galardonada. Precios elevados. Riessersee (Riess, 6, 08821/95440), a orillas de un lago y a tres kilómetros de Garmisch, es un café-restaurante con menú a base de peces del lago y caza.