EDITORIAL

El reto de Marruecos

El presidente Aznar ha movilizado a todo el equipo económico del Gobierno para recuperar con urgencia, y por la vía de la cooperación, el clima de entendimiento con Marruecos. Una vez superado el esperpéntico incidente del islote de Perejil, la reunión de alto nivel del lunes y martes en Marraquech supone un paso fundamental para la normalización de unas relaciones que constituyen una prioridad de la política exterior de ambos países. En el caso de España es, además, una necesidad irrenunciable por razones de seguridad, sociales y de intereses económicos, extensivas a la UE en su conjunto. El peso de los intereses económicos españoles (Marruecos es el primer socio comercial y destino de inversión en África), la presión de los empresarios, cuya contribución ha sido decisiva para superar los incidentes diplomáticos; la lucha contra la emigración clandestina y el terrorismo integrista, y el ambicioso programa de infraestructuras del Gobierno magrebí hasta 2010 son razones suficientes para no regatear esfuerzos ni recursos. Con este fin, 450 millones en ayudas financieras parecen argumento suficiente para asegurar el éxito de la reunión.