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Tribuna

BMG y Sony ponen la música

æpermil;rase una vez cinco gigantes que dominaban el mercado planetario de la música. El primero con el nombre predestinado de Universal Music, hijo predilecto del reino tambaleante de Vivendi, pretendía haber comido, él solito, un 26% de la tarta mundial, mientras Sony -hijo del emperador de la electrónica de consumo-, el muy británico EMI, Warner Music -hijo del magnate estadounidense Time Warner- y BMG -del germano Bertelsmann- se habían repartido, respectivamente, el 14%, 12%, 12% y 11% del hasta ahora tan apetecible mercado En recientes fechas, Sony y BMG anunciaron su intención de unirse y desde hace algún tiempo, EMI y Warner flirteaban para realizar otra alianza.

Un primer fenómeno se introdujo en el sector de la mano del gran hermano Internet, artífice de muchas revoluciones. Con la aparición de Napster y de sus sucedáneos la música enlatada podía pasearse por Internet como un vulgar correo electrónico y ser reproducida entre millones de oyentes, clientes potenciales, sin el control de estos gigantes lo que conllevaba la pérdida de los beneficios tanto de los productores como de toda la cadena de distribución y de la merma de la retribución a los autores.

Un segundo fenómeno, producto de los avances tecnológicos en las cadenas de producción del material audiovisual, fue la marea de productos copiados y puestos a disposición de los consumidores a precios más bajos que los practicados en el mercado oficial mediante una cadena de distribución basada mayoritariamente en puestos ambulantes y furtivos.

Para paliar los efectos negativos de la difusión y reproducción por Internet, los Big Five emprendieron numerosas y múltiples acciones legales y, sorpresivamente, BMG tomó el control del más popular de estos difusores, Napster, con la loable intención de legalizar sus actividades. Los sucedáneos y herederos de Napster continuaron en la senda emprendida por este último.

Tanto Sony-BMG como EMI-Warner anuncian un objetivo de reducción de los costes y gastos en las áreas de producción y de marketing. De los fenómenos similares observados en los sectores del vídeo y editorial se desprenden dos evidencias.

La primera es que la tecnología permite un acceso cada vez más rápido y menos costoso a las obras y, la segunda evidencia, que los medios legales no logran erradicar las prácticas ilegales. Los cinco gigantes, reducidos ahora a tres, después del acuerdo Sony-Bertelsmann, deben encontrar nuevas alternativas para paliar los efectos de estos fenómenos.

La oferta de los productos en formatos diversos, con marca blanca para determinadas obras, las opciones de multiproducto (Internet, CD...) combinadas con otras obras, tanto de vídeo como editoriales, son opciones que podrán satisfacer tanto al creador del valor intelectual como al consumidor, con la consiguiente creación de valor económico necesario para todos los eslabones de esta cadena.

Pasar de cinco gigantes a tres sólo para lograr una reducción de costes y la mejora de los beneficios no puede ser la única partitura financiera ofrecida por un sector que se ha caracterizado por su capacidad innovadora.

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