Ibex 35

La falta de volumen oculta el nerviosismo de fondo

Resulta complicado hablar de nervios cuando en las últimas semanas los índices bursátiles han pasado más tiempo en tablas -con variaciones inferiores al 0,1%- de lo que recuerdan muchos observadores. Pero aunque no se vean olas, hay mar de fondo en las Bolsas.

La sesión del jueves fue un buen ejemplo. Los operadores nipones, que no disponen como los europeos de la referencia de Wall Street en sus últimas horas de negociación, vendieron de forma compulsiva hasta provocar la mayor caída del Nikkei desde los atentados del 11 de septiembre. El dólar se asomó a los mínimos y los mercados europeos mantuvieron la templanza, hasta que Wall Street abrió al alza.

Si la Bolsa no cayó más fue porque los bolsistas no encontraron excusas para vender. Un mal resultado de cualquier compañía del S&P 500 o un leve avance de las peticiones semanales de desempleo habría bastado, probablemente, para provocar una caída de calado. La tónica se ha mantenido en las últimas jornadas.

Ello no quiere decir que la Bolsa vaya a caer. Los gestores son conscientes de que no pueden vender a tontas y a locas sólo porque ellos -que son el mercado- estén nerviosos. Necesitan razones para ello, pero el sentimiento que desprenden es que las están esperando. Si finalmente los mercados rompen la tendencia horizontal por la parte de abajo será porque han encontrado, si no argumentos, sí excusas. La línea entre ambas es extremadamente fina.

Puede ocurrir, no obstante, que las Bolsas superen esta etapa de nerviosismo y retomen el camino alcista, olvidado ya desde principios de septiembre. Las cifras suelen ser -aunque no siempre- más tozudas que los veleidosos operadores y pueden terminar con el nerviosismo. Es esta posibilidad la que impide vender ya mismo. Y por eso están las Bolsas como están, es decir, paradas y sin volumen de negocio. Pero eso no significa que estén tranquilas.

El yen puede aliviar a Europa

La fortaleza del euro es el dolor de cabeza oficial de los mercados europeos. La posible pérdida de competitividad de las economías de la zona es el riesgo número uno para índices como el Euro Stoxx 50. O al menos eso parece si uno se lee los informes de situación. No obstante, hay un factor que puede aliviar esta situación, y es el yen. Desde que comenzó la tormenta en el mercado de divisas la moneda japonesa se ha revalorizado frente al euro.

No es que los fabricantes de bienes europeos exporten masivamente a Japón. Pero los productos japoneses y de otras economías cuyas monedas están en la órbita del yen no ganan competitividad frente a los bienes europeos, sino que la pierden. Este efecto compensa la pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y, según analistas como los de Morgan Stanley, es por esta razón por la que las empresas europeas no han puesto el grito en el cielo con la apreciación de la divisa.