Secretos de despacho

Falta de privacidad para Schlesser

Hace algo más de seis meses que el diseñador Ángel Schlesser ha estrenado despacho nuevo, situado en un amplio local en una calle del madrileño barrio de Chamberí. El espacio, que hace las veces de despacho, no es para él solo.

Está en el centro de una amplia habitación, desde la que controla todo lo que pasa en la oficina y que comparte con el resto de su equipo, compuesto por una veintena de personas.

A su izquierda trabaja el departamento de diseño y, al otro lado, el equipo de administración. No le gusta la soledad, por el contrario, destaca que con este modelo de distribución del espacio le falta en algunos momentos privacidad.

'Es importante que el diseñador no viva al margen de la gestión, debe saber el coste de una prenda'

'Necesito que el equipo responda sin que yo necesite hablar. Es mucho mejor tenerlo todo a mano y que todos los colaboradores estén próximos, aunque te reste intimidad', dice. Schlesser no tiene un buen día, se disculpa con que está dolorido por una distensión muscular, y es bastante parco en palabras. Habla despacio y en un tono bajo, muy bajo, que casi parece un susurro.

El pasado jueves inauguró oficialmente su primera tienda en el extranjero, en Varsovia. Eligió esta ciudad por olfato empresarial: 'Desde ese punto de vista, los países del Este son mercados emergentes y es bueno posicionarse antes que otros'. El segundo motivo tiene ver con el número de frascos de perfume vendidos por este diseñador cántabro, de 46 años: su fragancia se encuentra en 66 países y es en esta zona donde más se venden. 'Teníamos que aprovechar que la marca es allí conocida y están familiarizados con el nombre', explica sentado en su silla de diseño de color blanco.

Ángel Schlesser ha huido de la 'típica oficina con planta y foto' y ha apostado por tres elementos: el color blando, el cristal y los tonos grises. Su mesa de trabajo, de cristal y pilares de granito, es un regalo que le hicieron en los años ochenta y considera que ya es hora de cambiarla.

'Más que nada porque no pega con el resto del mobiliario'. La decoración está cuidada con esmero. 'Me he empeñado en crear un espacio aséptico, limpio y luminoso.

No me gustan los lugares recargados ni oscuros. Es importante que el espacio en el que trabajas sea muy agradable, se pasan muchas horas en él como para que no sea un sitio confortable'. Sobre la mesa no tiene ordenador, una herramienta de trabajo que asegura utilizar en contadas ocasiones.

Al trabajo le dedica 11 horas al día y asegura no estar contento con tanta dedicación. 'Es pésimo trabajar tanto, pero no sé hacerlo de otra manera. Puede ser por dificultad para organizarme o por poca capacidad de trabajo por mi parte'. Aunque nunca lleva trabajo a casa. Sólo está abierto a la inspiración, que le llega cuando pasea por la calle, cuando mira un cuadro y éste le sugiere un color o cuando acaricia un tejido.

'Las ideas te van surgiendo solas, cuando acabas una colección y no has podido realizar todo lo que pensabas, te quedas con ganas y aprovechas lo que se ha quedado sin hacer'.

Sobre la dualidad que ha de tener un diseñador para poder sobrevivir, esto es, saber compaginar sus costes creativos con la gestión de una empresa, opina que es algo necesario y que no hay que perder de vista estas dos vertientes si se quiere sobrevivir. 'Es importante que el diseñador no viva al margen de la gestión, debe saber el coste de una prenda, si el proveedor es una persona seria, los plazos de entrega. Todos estos temas no son cómodos, pero hay que hacerlo si se quiere vivir de esto', explica Schlesser, para quien lo ideal sería sólo dibujar bocetos en un lugar paradisiaco.

En España tiene ocho tiendas, unas propias y otras en régimen de franquicia.

La próxima la inaugurará en unos meses en Oviedo. 'Creo, a veces, que soy más gestor que diseñador, porque empecé con una idea de gestión para una compañía que vendía ropa'.

Sin apego a las cosas, pero sí al rigor

Ángel Schlesser no le tiene apego a las cosas. Asegura que puede prescindir de todo objeto, que no necesita grandes cosas ni para trabajar ni para vivir. Afirma también que no es nada fetichista, 'ni maniático de ninguna prenda'. A lo que no puede renunciar, según cuenta, es a que las cosas se hagan con rigor.

'No estoy obsesionado con el orden ni con la perfección, pero sí lo estoy con que las cosas se hagan bien, con cuidar los detalles y, sobre todo, que las cosas se hagan como yo quiero', explica.

El diseñador confiesa ser una persona bastante austera, algo contradictorio con el negocio en el que se mueve. 'Puede parecer que por dedicarte a la moda necesitas muchas cosas, sobre todo superfluas. En mi caso es todo lo contrario. Puedo prescindir, encantado, de casi todo', advierte. Cuando no trabaja, se relaja con la lectura, con un buen viaje y, sobre todo, durmiendo. Aunque asegura que no tiene querencia por los objetos, en un lugar bien visible del estudio, sobre una estantería donde guarda una colección de revistas de moda, tiene un amplio repertorio de premios y galardones. Uno al que le tiene especial aprecio es el que le ofreció el ayuntamiento de su ciudad natal, Santander, con la reproducción del Palacio de la Magdalena.