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Uno de los peores negocios de antigüedades de Pinault

La historia contiene todos los elementos de una novela de acción: un coleccionista de arte, una estatua, supuestamente egipcia, una fortuna en juego y la reputación de varios expertos puesta en tela de juicio. El multimillonario francés François Pinault y su esposa se han visto envueltos en una batalla legal por la compra, hace cinco años, de una estatua del faraón egipcio Sesostris III. Pinault ha tratado por todos los medios judiciales de anular una transacción que le costó 780.000 euros de entonces, pero el Tribunal de Apelación de París desestimó ayer la demanda interpuesta para dar marcha atrás a la venta.

La operación se remonta a noviembre de 1998, cuando el matrimonio Pinault le echó el ojo a una figura egipcia en la venta organizada por la casa de anticuarios Drouot, aparentemente el mismo día que el presidente Jacques Chirac acudía a su hogar a cenar. La figura de 57 centímetros lucía esa noche en una de las repisas del salón de los Pinault.

El catálogo del anticuario aseguraba que la figura pertenecía al reinado del faraón, fechado entre 1878 y 1843 a.C. Pinault, todo menos principiante en el arte de las antigüedades, acudió, entre otros, a Elisabeth Delange, egiptóloga y conservadora del Louvre de París, que le verificó los datos de Drout. A los pocos días de la compra, el diario Libération publicó un artículo con la opinión del profesor Dietrich Wildung, director del Museo de Berlín, a quien le habían ofrecido la pieza unos 15 años antes y en el que se cuestionaba la autenticidad de la pieza. 'Rechazamos comprarla porque había serias razones para pensar que había sido fabricada en la primera mitad del siglo XX'.

Estas declaraciones fueron un duro golpe para Pinault, un hombre cuya reputación va más allá del mundo empresarial. Además de controlar bajo el paraguas de los almacenes Printemps, la Fnac, la casa de subastas Christie's y la marca de artículos de lujo Gucci, el multimillonario francés es un conocido coleccionista de arte. Entre sus iniciativas artísticas se encuentra el museo del Sena, una sala de arte en una isla en el edificio donde antiguamente estaba instalada Renault. Ante el bochorno de enfrentarse a una supuesta estafa, Pinault trató de deshacer la operación y acudió a los tribunales.

Ya en enero de 2001 los juzgados de París emitieron su primera sentencia. Pinault quedó condenado a pagar la cuantía por la que se había comprometido, ya que la venta se realizó en toda regla. La decisión judicial derivó de un informe de las expertas Elisabeth Delange y Christine Desroches-Noblecourt en el que se concluía que quizá la pieza no correspondía a las fechas del reinado de Sesostris III, pero sí a una imagen conmemorativa del mismo realizado entre 1850 y 1720 a.C. A partir de entonces la polémica estaba servida y surgieron voces a favor y en contra de la autenticidad de la estatua. Pinault no se dio por vencido y encargó al laboratorio Francine-Maurer, especialista en el estudio científico de obras de arte, un análisis de la estatua. Las conclusiones del mismo no dejaron lugar a dudas: 'Esta escultura es un objeto moderno', dice el texto.

Nadie en el grupo empresarial quiere ahora hacer declaraciones. El Tribunal de París ha desestimado el recurso y Pinault se encuentra ante una operación judicialmente correcta, pero ante una estatua dudosamente auténtica.

'Esta escultura es un objeto moderno', sentenció el laboratorio Francine-Maurer, especialista en el estudio científico de obras de arte