TRIBUNA

Fondos de la UE

El pequeño rifirrafe entre el canciller alemán y el presidente de Gobierno español a propósito del cumplimiento del Pacto de Estabilidad ha levantado cierta polvareda en las páginas de información general de los diarios. No parece, sin embargo, que este asunto haya sido objeto de análisis detenido por la prensa especializada en economía. Por lo que conozco, sólo Raimundo Ortega se ha referido al tema en profundidad, criticando en estas mismas páginas de Cinco Días la respuesta dada por el señor Schröder, en el Parlamento alemán, a la exigencia de José María Aznar de que los Estados pertenecientes a la Unión Monetaria Europea se atengan a las reglas presupuestarias establecidas para esta área (Dos apuntes sobre la actualidad, el pasado 3 de octubre). Y la crítica de Raimundo Ortega es justa, porque una cosa es el saldo financiero de las relaciones de un Estado miembro con el resto de la UE y otra bien distinta el impacto presupuestario de ese saldo.

Un artículo de Alan Mayhew, profesor del Sussex European Institute, ilustra bien la afirmación anterior. En este trabajo (publicado en mayo de este año como documento de trabajo número 65 de dicho instituto, bajo el título El impacto financiero y presupuestario de la ampliación y el ingreso), Mayhew presenta unas estimaciones sobre las consecuencias financieras y presupuestarias que acarreará para la economía polaca su incorporación a la UE. Con todas las salvaguardias que el autor cita, el resultado de dichas estimaciones sugiere que el ingreso de Polonia en la UE se traducirá en incrementos del déficit fiscal polaco, de entre el 1% y el 1,4% del PIB, en cada año del periodo 2004-2006. Porcentajes que serían mayores si a los gastos del Gobierno utilizados en estos cálculos se añadiesen los derivados de la asimilación del acervo comunitario. Y ello con independencia de que en ese periodo se estima que se producirá una entrada bruta de fondos europeos en Polonia superior a los 11.000 millones de euros.

Cinco razones explican esa diferencia entre el comportamiento de la contribución financiera neta de la UE y el reflejo presupuestario de dicha aportación:

Muchos de los ingresos que los países miembros reciben de la Unión no pasan a través de sus Presupuestos

Buena parte de la contribución de un país a la UE se realiza con cargo al Presupuesto (el recurso PNB y la aportación al Fondo Europeo de Desarrollo, que suponen más de la mitad del total en el caso de España), pero muchos de los ingresos que se reciben de la UE no pasan a través del mismo.

Muchos de los ingresos presupuestarios que se reciben de la UE tienen una asignación preestablecida y un destinatario final, al que los Tesoros públicos tienen a veces incluso que adelantarle los pagos por cuenta de la UE.

En tercer lugar, la financiación de la UE con carácter finalista, como el Fondo de Cohesión, los fondos estructurales o los destinados al desarrollo rural, debe verse siempre acompañada de una aportación de fondos nacionales. En consecuencia, los ingresos presupuestarios por estos conceptos son siempre inferiores a los pagos.

Es previsible que Polonia y los demás Estados nuevos experimenten una caída considerable en sus ingresos aduaneros al rebajar sus tarifas al nivel de la UE.

Por último, el Presupuesto que deba destinarse en esos países a la puesta en práctica del acervo comunitario habrá de ser bastante elevado, sobre todo en lo que se refiere a la implantación de la normativa medioambiental.

Si bien esta dos últimas razones son ahora más específicas de los 10 Estados que se incorporarán a la UE en mayo de 2004, las tres primeras son aplicables también a los antiguos. Por eso, Schröder debería haber consultado a sus expertos a la hora de buscar una justificación a sus propósitos de infringir el Pacto de Estabilidad sin las repercusiones negativas previstas en el mismo; un acuerdo, por otra parte, del que las autoridades alemanas fueron en su día principales promotores. Otra cosa es que, gracias a los fondos de la UE, España ha podido financiar en el mismo lapso de tiempo un mayor número de proyectos del que habría sido capaz por sí sola, con las consiguientes repercusiones positivas para nuestra economía. Pero, por las noticias que tengo, no parece que el canciller alemán se refiriera a esto.