Lealtad, 1

Fórmulas para darle la vuelta a la tortilla

Mi abuela no cocinaba ni bien ni mal, porque escaseaba la materia prima. Los domingos, como algo excepcional, preparaba una tortilla mastodóntica. Lo más curioso era el momento de darle la vuelta. Sacaba la sartén del fuego y sobre una mesa colocaba una enorme fuente de loza, o al menos a mí me parecía que era grande. En ella descargaba la primera tanda que luego volcaba sobre la sartén. Como la tortilla era inmensa, la ceremonia de ida y vuelta se repetía varias veces.

La estampa es hoy muy común en los hogares en donde aún se cocina. Lo que impresiona en la liturgia de darle la vuelta a la tortilla es el malabarismo de algunos expertos que lanzan al aire, hasta casi tocar el techo, la masa de huevos y patatas para que caiga por la otra cara sobre la sartén. Es una práctica, en cualquier caso, poco recomendable.

En la Bolsa actual hay auténticos profesionales de este guiso tan español. Tienen una capacidad excepcional para lanzar tortillas al aire y darles la vuelta varias veces antes de caer en la sartén. Además, caen en el cacharro. Nunca fallan.

Las últimas fórmulas al respecto tienen su centro de atención en el dólar. Hasta hace unos días, los mercados europeos y asiáticos se estremecían por el terremoto monetario. A los empresarios alemanes y a los exportadores asiáticos les temblaba el pulso a la hora de firmar contratos de venta por la debilidad del dólar. Ahora la tortilla se fríe por la otra cara y la caída del dólar es la gran pócima que todo el mundo esperaba. ¿Razones? El dólar debe seguir a la baja porque es la única fórmula válida, a decir de los cocineros de la Bolsa, para que EE UU corrija sus desequilibrios y con ello lleve al resto del mundo de la mano hacia la gran recuperación global. Magnífico.

La tortilla geopolítica pierde interés por sus ingredientes. No satisfacen al mercado y los analistas dicen que las Bolsas deben convivir con el caos en Irak y en Oriente Próximo. Una fórmula, en fin, de darle la vuelta al asunto.

Respecto a los resultados empresariales, el festín acaba de comenzar y es seguro que asistiremos a varios movimientos de ida y vuelta en los próximos días, pero siempre con una mejora de la percepción del lanzador de tortillas.

Hay un asunto sobre el que se ha trabajado muy poco. Es el del desempleo. Los analistas aún no han descubierto la manera de doblar la esquina para que lo que es preocupante, como en los casos anteriores, no sólo deje de serlo sino que se convierta en argumento positivo.

Este fenómeno, que es más de psiquiatría que otra cosa, explica la resistencia numantina de los mercados de acciones a la hora de ceder posiciones ¿Para qué perder el tiempo con venta apresuradas si las noticias que resultan negativas son, al parecer, pura apariencia?