COLUMNA

El paro da un aviso a navegantes

Aunque el paro registrado en el Inem es un dato menos riguroso y más alejado de la realidad laboral que los de la encuesta de población activa (pronto conoceremos los del tercer trimestre), en septiembre ha contabilizado un aumento de casi 40.000 parados, el peor balance en este mes posvacacional desde 1997.

En uno de tantos actos de los domingos electorales que tendremos que soportar hasta marzo, el ministro de Trabajo avanzó que las cifras de los servicios públicos de empleo nos iban a dar una buena noticia, adelantándose una vez más a su publicación oficial. Quizá no prestó la debida atención a los números ni los analizó con suficiente detenimiento, urgido por las actividades dominicales de su partido. Pero el lunes ya estaban a disposición del público y la indebida utilización con ventaja de los datos se tornó en apuro para el ministro, del que quiso salir desviando la atención hacia el ascenso de las afiliaciones a la Seguridad Social y con el recurrente aserto de que España sigue liderando la creación de empleo en Europa.

El récord de contrataciones en septiembre, más de 1,2 millones, de las que sólo el 8% han sido estables, revela otra nueva e inquietante marca en la rotación laboral y en el galope de los contratos temporales de muy corta duración, por lo que una buena parte de las altas en la Seguridad Social habrán causado baja a esta alturas de octubre. Pero, en todo caso, el aumento del paro el mes pasado quiebra su tendencia a la baja levemente iniciada en febrero y lo hace castigando en un 90% a las mujeres, seguidas de los jóvenes, colectivos sin cuya inserción laboral seguiremos encabezando la tasa de desempleo más elevada de Europa y la población activa más baja.

A la vez se ha conocido que el fuerte endeudamiento de las familias está reduciendo el consumo y volatilizando el ahorro. La encuesta de presupuestos familiares no aporta buenos augurios para la demanda interna, vector principal del crecimiento en España y en consecuencia para la creación de empleo, que va dependiendo cada vez más de la construcción. Y esto es concentrar demasiado peso sobre los ladrillos.

Con un plan anual de empleo ingrávido y Presupuestos continuistas, el Gobierno ha desaprovechado dos oportunidades para revitalizar la creación de más y mejor empleo e impulsar el crecimiento con otros anclajes, además del burbujeante sector inmobiliario. Tampoco ha recabado como debiera del empresariado el cumplimiento de su compromiso de mejorar la competitividad, invirtiendo más en tecnología para fomentar empleos con más productividad y reducir la precariedad laboral a cambio de la moderación salarial ofrecida por los sindicatos en el Acuerdo para la Negociación Colectiva de este año.

La evolución del paro en septiembre no puede minusvalorarse como ha hecho el ministro, considerándolo un simple bache que se salvará el mes que viene. Es un serio aviso para que cuantos tienen responsabilidades en la materia digan y hagan lo necesario en la corrección del rumbo de la política de empleo sin esperar a que naufrague.