Viajes

Doble anillo de piedra en Carcassonne

Ha servido de plató para películas famosas, y es el tercer lugar más visitado de Francia, después de París y el Mont Saint-Michel. También los españoles son legión en este burgo medieval, uno de los mejor conservados de Europa

Quien se acerque a Carcassonne debe saber que va a encontrarse dos ciudades, separadas por un río y un soto ajardinado. En lo alto, la Cité, el burgo primitivo; abajo, al otro lado del Aude, la Ville-Basse, que fue creciendo en el llano cuando los trajines bélicos cesaron. Esta ciudad baja es, en realidad, la actual ciudad viva. La Cité, cuando perdió interés estratégico, fue desmoronándose, abandonada por los vecinos. Si no se perdió del todo fue porque los militares la usaron como cuartel. A mediados del XIX, un decreto ordenaba demolerla. Por fortuna, Francia estrenaba lo que llamaban inspector de monumentos, y el primero fue el novelista Prosper Mérimée. æpermil;ste, junto con el arquitecto Viollet-le-Duc y otros evitaron el desastre y emprendieron una gran tarea de restauración.

El burgo medieval había suplantado a la ciudad romana, y ésta a la celta. Fueron los celtas, en efecto, quienes primero poblaron un castro llamado Carcasso. Luego rodó la historia; hasta los árabes, que ya habían conquistado España, pusieron sus picas en esta plaza en el año 725. Poco después se la arrebató Pipino el Breve y durante el imperio de Carlomagno se convirtió en una marca o barrera contra el poder musulmán. Pasó a manos de señores feudales, y con la familia Trencavel, en el siglo XIII, alcanzó Carcassonne su máximo esplendor. Se convirtió en guarida de artistas y juglares, que ensayaban sus baladas en una lengua balbuciente, propia de la Occitania, la langue d'Oc.

El Languedoc (fue el nombre que recibió la región de tal habla) era tierra abierta y tolerante. Por eso tal vez cuajó allí una doctrina que pedía volver a la pureza y sencillez del cristianismo primitivo: la religión cátara o albigense. El rey de Francia y el Papa de Roma combatieron a muerte a estos herejes. Hasta organizaron una cruzada, que dirigió Simón de Montfort. Pero también la ciudad cayó. Fue incorporada al reino de Francia, se construyó un segundo cinturón de murallas y empezó a prosperar la Ville-Basse. Primero fue bastida, con sus propias murallas, y que es la actual ciudad, trazada a cordel, donde puede verse algún edificio notable, como la catedral de Saint-Michel (del siglo XIV) y alguna otra iglesia o casa patricia.

Los coches están proscritos, hay que dejarlos en aparcamientos fuera de la Puerta Narbonense, la principal. Luego, sólo hay que dejarse arrastrar

La Cité impresiona desde cualquier flanco por el que uno se acerque a su doble anillo de murallas. Los coches están proscritos, hay que dejarlos en aparcamientos fuera de la Puerta Narbonense, la principal. Luego, sólo hay que dejarse arrastrar: desde esa puerta fortificada, con puente levadizo y fosos, hasta la Puerta del Aude, en el lado opuesto, la calle principal es un hervidero humano donde cuesta dar un paso: esta Cité es el tercer lugar más visitado de Francia, después de París y el Mont Saint-Michel. Placetas solitarias, presididas por un pozo, adarves, casas con más o menos buen gusto: hay de todo, desde un sótano aprovechado para museo de los horrores de la Inquisición hasta patios convertidos en terraza o restaurante con espectáculo nocturno. Hay que perderse, pasear, descubrir detalles al azar, sin preguntarse por su edad real.

El castillo ducal es un verdadero epítome de defensa militar. En su interior se alojan dos museos, uno lapidario y otro más biográfico sobre la ciudadela y su reconstrucción, y también sobre los usos a que ha sido sometida por el cine; películas famosas de todos los tiempos, desde antiguas versiones de Juana de Arco o Robin Hood hasta Les Visiteurs (Los invasores). La catedral de Saint-Nazaire recuerda un poco a la Sainte-Chapelle de París (como quería el obispo que la mandó construir). El tránsito de los pilares románicos a las techumbres góticas se ve auspiciado por vitrales de tonos azulados de los siglos XIII y XIV. Suena, como en sordina, una música envolvente y recogida, que invita a estarse allí, a reflexionar o rezar.

Localización

Cómo ir. A Carcassonne se puede ir cómodamente en coche desde España, tomando la autopista que sale por La Jonquera (A 7) y continúa hasta Perpiñán y Narbona (A 9); allí se enlaza con la Autoroute des deux Mers (A 61) hasta Carcassone, a unos 60 kilómetros de Narbona.

Alojamiento. Hotel de la Cité (Place de l'Eglise, 04 68 719871), en pleno hervidero turístico, es un remanso de tranquilidad, con piscina, biblioteca-salón y un ambiente literario, de novela gótica, 300-490 euros la doble. Le Domaine d'Uriac (Place de l'Eglise, 04 68 257222), un relais & chateux ubicado en un inmueble del XIX con jardín y piscina, 115-382 euros la doble. Donjon et les Remparts (2, Comte Roger, 04 68 710880), ubicado en un orfanato del siglo XV, con jardín, 60-168 euros la doble.

Comer. Le Languedoc (32, Allée d'Iéna, 04 68 252217), cocina regional en un marco rústico, con terraza-jardín en verano, unos 45 euros. La Barbacane (Place de l'Eglise, 04 68 719871), como el hotel de la Cité, es un clásico en la ciudad, con decoración medieval y cocina muy sofisticada, unos 70 euros. Comte Roger (14, Saint-Louis, 04 68 119340), junto al castillo y la basílica, cocina creativa, unos 40 euros.