La atalaya

Los árboles y el bosque

Es muy posible que la muerte de Uday y Qusay Husein, dignos hijos de su padre en los crímenes contra el pueblo iraquí, rebaje temporalmente la presión política a la que está sometida la Administración Bush por sus intentos de justificar la guerra de Irak con supuestos informes de inteligencia denunciados como falsos por la propia CIA. Como también lo es que la desafortunada actuación de la BBC en el caso del suicidio del asesor científico del Ministerio de Defensa británico, David Kelly, puede beneficiar momentáneamente a Tony Blair, sometido a las mismas presiones que Bush. Pero, al final, los árboles se apartarán y permitirán ver el bosque de manipulaciones, exageraciones y medias verdades utilizadas por Washington y Londres, Bush y Blair, para lanzarse a la invasión de Irak. Atención, pues, a las sesiones que celebran los comités de inteligencia del Congreso de EE UU y a la actuación de la comisión judicial independiente que, bajo la presidencia del magistrado de la Cámara de los Lores, lord Hutton, iniciará en breve su andadura en Londres.

En ambos casos, tanto Bush como Blair se enfrentan a una creciente oposición política. La exposición pública de la campaña de desinformación de la Casa Blanca sobre la guerra de Irak, unida al retraso en la recuperación económica, ha sacado a los demócratas de su letargo de meses y los ataques a Bush, silenciados durante las operaciones militares por respeto a las tropas, se suceden a diario. La caótica situación en Irak y el goteo diario de bajas estadounidenses contribuyen a la lenta pero continua erosión de la popularidad de Bush, que ha perdido cerca de 20 puntos en la aceptación de los ciudadanos desde el fin de la campaña militar. En cuanto a Blair, el enemigo lo tiene en casa, en un Partido Laborista que parece apartarse de su líder y cuyo mayor activo desde su llegada a Downing Street hace seis años era su credibilidad. Un dato reciente. El Gobierno sólo logró la pasada semana una raquítica mayoría de 35 votos en el debate de un proyecto de ley sobre fundaciones hospitalarias. El resultado es demoledor, dado que, gracias al sistema mayoritario vigente en el Reino Unido, los laboristas cuentan con más de 400 escaños en la Cámara.

Que nadie deduzca con esto que el cronista apunta al fin de los mandatos del presidente y del primer ministro. Simplemente constato que ahora ambos están tocados del ala. Pero en la política anglosajona, el fenómeno del Ave Fénix no es inverosímil. Recuérdese la resurrección de Bill Clinton tras su procesamiento por el Congreso en 1998 o el regreso al poder de un octogenario Winston Churchill en 1951 tras su humillante derrota de 1945 después de haber ganado la II Guerra Mundial. Sin duda el desarrollo de la situación en Irak será clave en el futuro político de ambos líderes. El reconocimiento por parte del Consejo de Seguridad de la ONU del Gobierno interino de Irak y la más que segura nueva resolución para dar cobertura legal al despliegue de tropas internacionales, exigido por países como Francia e India, sin duda contribuirán a aliviar la presión sobre Washington y Londres, hasta ahora únicos responsables de la seguridad y estabilidad del país. Pero volvemos a los árboles y al bosque. En las democracias de habla inglesa, las mentiras, si se prueban, se pagan caras. Como dijo Blair el martes a estudiantes de la Universidad de Pekín, 'la ventaja de mi país es que, si no se cree en un político, en la próxima elección se vota a otro'. A lo mejor acierta.