Telefonía

La factura del móvil se ensaña con el viajero

La Comisión Europea reclama sin mucho éxito desde hace tres años un descenso de las tarifas del servicio de itinerancia

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a factura del móvil puede deparar una triste sorpresa al regreso de unas vacaciones o un viaje de negocios en el extranjero. La ventaja (o la tortura, según se mire) de estar siempre conectado y localizable por vía telefónica puede traducirse en una descomunal cuenta del móvil a final de mes. El usuario no sólo paga cuando realiza una llamada, sino incluso cuando las recibe. El precio de 100 minutos en llamadas recibidas en el extranjero puede llegar a ser para un cliente europeo el equivalente a más de 300 minutos en llamadas nacionales.

La Comisión Europea (CE) investiga sin éxito desde hace tres años los precios de las operadoras por el servicio conocido como itinerancia o roaming, por el término inglés. Sus pesquisas se centran, sobre todo, en Alemania y Reino Unido, porque han sido tradicionalmente los mercados con mayor volumen de negocio y con los precios más elevados. Las conclusiones preliminares describen un sistema de tarifas 'nada transparentes, rígidas y sin relación con el coste del servicio'.

Ya existe la posibilidad de que la persona que llama asuma todos los costes, con independencia del país europeo en que se encuentre su interlocutor

Las operadoras atribuyen los precios a la necesidad de remunerar a la compañía extranjera por el uso que hace de su red el cliente. 'Nuestras tarifas sólo añaden un 10% a lo que nos cobra el otro operador', indican en Telefónica Móviles, la filial de Telefónica. Pero Bruselas sospecha que se trata, en realidad, de precios abultados gracia a la imposibilidad del cliente de verificar en cada llamada el precio por minuto o buscar operadores alternativos.

La propia Comisión Europea parece incapaz de concluir la investigación sobre el servicio de itinerancia que inició hace más de tres años, lo cual ilustra la complejidad del proceso y la variedad de actores implicados en cada llamada. 'De momento estamos centrándonos en el análisis caso por caso de los acuerdos entre operadoras', se evaden fuentes comunitarias.

'Es difícil probar que existe un cartel y la CE necesita evidencias sólidas para abrir un expediente', concede Dominique Forest, asesor económico de la Oficina Europea de Organizaciones de Consumidores, un organismo que periódicamente fustiga a las compañías europeas de móvil acusándolas de prácticas abusivas y discrecionales. 'Pero si no es un cartel, ¿cómo se explica que todas las operadoras apliquen tarifas tan altas y tan parecidas?'.

Forest señala que las principales quejas de los consumidores se refieren no sólo a las elevadas tarifas, sino, sobre todo, a la falta de información sobre las mismas.

'El cliente debe consultar antes de salir al extranjero con qué operadoras tiene Movistar acuerdos y comprobar las tarifas para elegir la más barata', recomiendan en la filial de móviles de Telefónica. Pero las tablas de precios son un baile de números muy complicado de descifrar, según denuncian las organizaciones de consumidores, y parece poco probable que alguien incluya entre los preparativos de un viaje el repaso de todas las tarifas posibles en el país de destino. Además, el equipo móvil suele estar programado para buscar en cada momento el operador que ofrece mejor cobertura, y programarlo manualmente para que sólo capte uno determinado puede dejar incomunicado al usuario.

'Los clientes no quieren complicaciones cuando cruzan las fronteras', reconocen en Vodafone, la compañía británica con vocación de convertirse en una operadora de dimensiones europeas, cuya facturación mundial superó los 20.000 millones de libras esterlinas en 2002. La compañía dispone de algunas tarifas únicas para los clientes que permanezcan fieles a la red Vodafone durante sus viajes (entre 0,65 y 0,78 euros por minuto, según el tipo de cliente). 'La tarifa plana es trasparente', defiende la operadora, 'el cliente sabe exactamente lo que paga mientras permanezca en nuestra red'.

'Lo que importa en una tarifa plana es si está ajustada a costes o no', indica Forest. 'Si sigue siendo muy elevada no es de mucha ayuda'. La Comisión Europea comparte la opinión, aunque da la bienvenida a la progresiva reducción de tarifas. Bruselas considera prioritario que todos los clientes puedan beneficiarse de estas rebajas.

Las operadoras aseguran que los precios descenderán a medida que la tecnología permita simplificar la gestión y facturación de llamadas y, sobre todo, captar el máximo de minutos de conversación posibles. La posibilidad de itinerancia se ha ampliado ya incluso a los usuarios de tarjetas de prepago (en algunos países estaba restringida a los clientes de contrato) y las compañías auguran que la antigua competencia por capturar el tráfico se acabará trasladando a una batalla de precios.

Se alzan voces, además, a favor de adoptar un modelo de facturación como el clásico del teléfono fijo, es decir, quien llama asume todos los costes. Londres sopesa la posibilidad de imponer este régimen, a pesar de que algunos expertos atribuyen al sistema actual una parte del éxito en la difusión de la telefonía móvil en Europa, donde, a diferencia de EE UU, la persona que llama no tiene que preocuparse de la repercusión económica de la ubicación de su interlocutor.

'Dada la naturaleza de un servicio móvil y el posible desconocimiento de quien llama sobre el paradero del receptor, cada vez que un cliente Amena reciba una llamada en roaming se le cobrará la parte correspondiente al tramo internacional', afirma la compañía del grupo Auna en su información en Internet sobre este servicio.

Aun así, Movistar ya ha introducido el servicio Europa en Contacto, que permite a la persona que llama asumir todos los costes simplemente pulsando el prefijo 120. Con esta modalidad, los usuarios de una tarjeta prepago pueden seguir recibiendo llamadas incluso cuando se les ha agotado el saldo. La innovación y la competencia, esperemos, no han hecho más que empezar.

Trucos para prevenir el susto

Resulta difícil reducir la factura por el uso del móvil en el extranjero, sobre todo si el viaje es por negocios y se precisa mantener abierta la posibilidad de comunicación. Aun así, hay tretas que ayudan a aliviar la cuenta, aunque quizá el primer consejo sea cerciorarse de que se dispone del servicio de itinerancia para poder recibir y efectuar llamadas en otro país.

Cambie el chip

Una de las soluciones más drásticas, aunque no siempre la más conveniente, consiste en cambiar la tarjeta SIM para colocar una del país que se visita. Se pueden perder contactos porque la nueva tarjeta, normalmente de prepago, supone un nuevo número que habrá que comunicar a nuestros interlocutores más frecuentes.

Qué querrá ahora

La identificación de llamada le ayudará a discernir la urgencia de las llamadas entrantes. Sin caer en la descortesía, responda sólo las que sean imprescindibles. El resto, atiéndalas desde un teléfono fijo o con mensajes escritos.

Déle al botón

Los SMS no son sólo un vicio de adolescentes. Los mensajes escritos pueden ayudar a ahorrar minutos de conversación, sobre todo para concretar citas con compañeros de viaje o enviar guiños virtuales al país de origen. La recepción en el extranjero suele ser, además, gratuita.

Hola y adiós

Abrevie las conversaciones mientras se encuentre en el extranjero y renuncie a los detalles superfluos. No tenga reparo en avisar a su interlocutor de que cada minuto eleva considerablemente (alrededor de 50 céntimos) la factura del que recibe la llamada.

Desconecte, no pasa nada

Atrévase, las noticias más urgentes le acabarán alcanzando. Y si no soporta un regreso al pasado tan radical, conecte el móvil esporádicamente para verificar el buzón de voz. Recuerde que se trata de una llamada internacional.