Costumbres españolas
Los términos de la fusión entre los grupos de construcción ACS y Dragados son previsiblemente injustos. El nuevo grupo será rival de Vinci en el sector de la construcción, a pesar de que está fuertemente endeudada y depende demasiado del mercado español.
Dado que la legislación española sobre opa todavía está llena de lagunas y dado que los consejos de administración en España están muy lejos de dedicarse a velar por los intereses de los accionistas, ese resultado estaba predestinado desde que ACS adquirió en su día la posición de control al Banco Santander Central Hispano.
ACS pagó 22,22 euros por acción al Santander Central Hispano, un 59% de prima respecto a la cotización de Dragados en aquella época (...). Pero ahora ofrece sólo 33 de sus acciones por 68 de las de Dragados: lo que equivale a 18,39 euros según el cierre del miércoles.
Esta es la conducta aceptada en España: se paga en metálico por una participación suficientemente grande como para ejercer de facto el control de una empresa, pero lo bastante pequeña como para convencer al regulador de que no se posee en realidad ese control; a continuación se fusionan las dos compañías en unos términos mucho menos favorables que en la primera operación de compra e incluyendo el endeudamiento causado por aquella adquisición inicial.
Los inversores profesionales saben que esto va a ocurrir y no tienen excusa si no adoptan la necesaria posición evasiva.
Aun así, resulta increíble que a algún banco de inversión -Citigroup, en el caso concreto de Dragados- le pueda parecer argumentado calificar de 'justos' los términos de la operación.