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Agricultura

El campo español cultivará arroz, patata y algodón transgénicos

En España se cultivan 30.000 hectáreas de maíz modificado genéticamente en Aragón, Madrid, Extremadura y Castilla-La Mancha y se importa soja y grano transgénico para la elaboración de piensos con destino al ganado. Además, en las dependencias del Ministerio de Agricultura se amontonan 23 solicitudes para cultivar otras tantas variedades de maíz modificado, cuyas resoluciones han estado paralizadas durante los últimos años a la espera de que se despejara la moratoria de facto provocada por el veto de Francia, Austria, Luxemburgo, Portugal, Bégica y Dinamarca al cultivo de nuevos transgénicos (OMC).

Ahora, los nuevos reglamentos aprobados por el Parlamento Europeo (que deberán ser ratificados por los consejos de ministros) relativos al etiquetado, la trazabilidad y la exportación de productos modificados genéticamente han sentado las bases para que la moratoria sea levantada, probablemente durante los primeros meses de 2004.

Tal escenario permitiría a la agricultura española, en primer lugar, potenciar la actual producción de maíz transgénico, y en segundo, introducirse en nuevos campos con producciones como arroz, algodón, remolacha, patata y cereales.

En opinión de los líderes agrarios, éstos serían los principales cultivos que se producirían en España, en su versión transgénica, cuando se levante la moratoria. Posteriormente, la nueva tecnología agroalimentaria sería aplicada a la producción de los alimentos típicamente mediterráneos, como la vid, el olivo o la hortofruticultura, aunque las modificaciones en leñosos se encuentra todavía en fase de estudio.

Más ingresos

Un estudio elaborado por el Centro Nacional de Política Alimentaria y Agrícola de los Estados Unidos -el país más interesado en que Europa autorice la libre circulación de alimentos modificados- concluye que los plaguicidas hoy utilizados para sanear las producciones de maíz, remolacha y patata podría reducirse en España en 317.000 kilogramos anuales y que a su vez la producción de esos cultivos se incrementaría en 663.000 kilogramos, si se emplearan semillas tratadas.

Según el estudio, los cultivadores españoles de maíz elevarían sus ingresos en 28 millones de euros, los de remolacha, en 29 millones de euros y los de patata, en 17 millones de euros.

El futuro de estos cultivos dependerá en Europa y en último término de la confianza de los consumidores. El pasado jueves, el Códex Alimentario, el máximo organismo alimentario mundial, anunció, en este sentido, la elaboración de un protocolo internacional que permitirá evaluar los riesgos para la salud de los alimentos modificados genéticamente.

División entre las asociaciones agrarias

Las asociaciones agrarias se encuentran divididas sobre las bondades de estos cultivos -COAG y UPA los rechazan, Asaja los aprueba-, pero todas reconocen que el consumidor español todavía está muy lejos de aceptar este tipo de productos.Para Asaja es una buena noticia que por fin esta tecnología (siempre que se muestre con todas las garantías y la información posibles) sea puesta en funcionamiento en el campo europeo, puesto que nuestros agricultores están perdiendo grandes oportunidades de negocio al no poder competir con cultivos generados en EE UU, China, Argentina o Brasil.Por su parte, la Unión de Pequeños Agricultores cree que este tipo de cultivos romperá la línea que ha seguido el campo español, basada en la calidad, en la identificación del origen de los alimentos y en el respeto al medio ambiente. UPA, además, advierte que los cultivos transgénicos constituyen un grave problema para la agricultura ecológica, pues se ha demostrado que pueden generar contaminaciones cruzadas. En Inglaterra, asegura esta asociación, se han detectado contaminaciones originadas por el polen de fincas de transgénicos situadas a 7 kilómetros de distancia.

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