Golf

Palos bajo sospecha

Las enormes cantidades de dinero en juego favorecen la irrupción de material prohibido.

Sospechas de fraude en el mundo del golf. En el último US Open se encendió la alarma cuando se comprobó que muchos de los jugadores eran capaces de enviar la bola más allá de las 300 yardas de distancia (274 metros) con un solo golpe de driver y sin ser afamados pegadores. La sombra del engaño aparece en el seno del golf. El más ético de todos los deportes, en el golf no hay árbitros sino funcionarios de las reglas que intervienen cuando los jugadores lo solicitan, una disciplina donde son los propios golfistas los que, en reconocimiento de un error, se autosancionan con uno o dos golpes e incluso la descalificación según sea la infracción cometida, vive acechado por unos listos sin escrúpulos.

En el hoyo 18 del Olympia Fields de Chicago, sede del pasado US Open, un torneo que además organiza la USGA (United States Golf Association), que junto al Royal and Ancient Golf Club de Saint Andrews otorga la homologación del material de golf, se vio cómo uno de los participantes sólo tuvo que emplear un wedge de segundo golpe puesto que se había quedado a escasos 73 metros del green.

Tiger Woods ha dicho que 'los drivers deberían ser probados todos los días antes de comenzar la ronda de cada torneo'. Lo que hasta ahora eran sospechas se ha convertido en una realidad, en una terrible amenaza al saber que hay jugadores que emplean material prohibido para batir el campo, jugar más largo que nadie y burlar defensas del recorrido y dejar trasnochado su diseño para conseguir mejores resultados.

Tanto la USGA como el Royal & Ancient rechazan cada año cantidad de artilugios que convertirían el golf en un deporte en el que sólo contaría la pegada. De hecho, la mayoría de las marcas compiten a la hora de realizar su publicidad y remarcan que ellos cuentan con las mejores maderas, las que logran una mayor distancia, claro está que no explican que las empuñan atletas como Tiger, Els, Singh o Sergio García, que practican entre seis y ocho horas diarias para conseguir este resultado.

Las sospechas recaen en marcas de segunda fila, que actuarían sin miramientos para hacerse con un lugar en el mercado. También jugadores poco conocidos y, particularmente, los aficionados. Ellos son los destinatarios de este tipo de material no homologado para obtener una ventaja ilegal. Según representantes de la USGA, 'el responsable sería el fabricante por poner en el mercado un producto ilegal, pero quien pagará con su descalificación en el campo será el jugador'.

Los que velan por la pureza del golf no se cierran al uso de los nuevos materiales, como lo demuestra la implantación del titanio, pero sí tienen presente que los campos no queden obsoletos y las competiciones pierdan su interés por aplicar soluciones tecnológicas poco adecuadas. El año que viene la policía perseguirá a los ladrones. La USGA llevará a cabo tests de material en todos los torneos. Pronto sucederá lo mismo en Europa.