Viajes

Las flores de las Indias

Así llamó Marco Polo a este ramillete de islas, maravillas del universo. Lo son para el medio millón de visitantes que acoge cada año su exiguo territorio

Se trata, desde luego, de una nación única en el mundo: el 99% de su territorio es pura y simplemente agua, el océano Índico, vestido con todos los tonos y matices imaginables entre el verde y el azul. Desde el avión, la visión que se ofrece tiene algo de irreal: 1.190 manchas flotan levemente sobre la superficie, agrupadas en 26 atolones, al suroeste de la India y de Sri Lanka. Unas veces son salpicaduras esmeraldas, con un borde fino de arena blanquísima y espuma; otras son anillos de un turquí fosforescente, encerrando círculos de cobalto que parecen lunares sobre el mar glauco y disperso. De las mil y pico islas, sólo doscientas están habitadas. Al echar pie a tierra, la magia no se desvanece, al contrario, parece echar mano de cuanto salta a la vista para encarnarse en formas concretas y próximas no menos asombrosas.

La visión a ras de suelo es la de una confusión de palmeras, que se derraman con indolencia sobre playas lechosas y brillantes, solitarias y limpias, como si fueran vírgenes. No son tan salvajes como parecen. Hace más de tres mil años que han estado trasegando por este apeadero providencial navíos y mercaderes de todo pelaje. Los portugueses las usaron en el siglo XVI, los británicos mantuvieron en ellas un protectorado entre 1887 y 1965. Aquí han dejado su sangre aventureros de Asia, de África y de Europa, dando lugar a una mescolanza oscura y tolerante. Los 300.000 nativos que se reparten por estas formaciones coralinas practican mayoritariamente el islam y viven de la pesca, algunos cultivos e industrias, pero más que nada del turismo.

Que el turismo sea el principal recurso es natural: aparte de sus colores, de su espléndido aislamiento, el clima no da sorpresas: un sol tropical mantiene un calor constante en torno a 25-30º, y sólo en época de monzones (junio a septiembre) puede aparecer una lluvia rápida y refrescante. Los turistas encuentran aquí un concepto exclusivo para sus vacaciones: las resort islands, islas convertidas por entero en hotel (algo que empieza a extenderse en lugares parecidos, como las Seychelles). La isla es toda ella el hogar por unos días; se va al restaurante, al bar o a la cancha de deportes caminando sobre la arena, las habitaciones son palafitos clavados en el agua, y en los más lujosos, una canoa traerá silenciosamente el desayuno hasta la puerta cada mañana.

Lo más frecuente es apuntarse a lo que llaman allí un 'boat safari', excursiones en las que se visitan islas desiertas o se practica el buceo o submarinismo

Cada isla posee, por extraño que parezca, sus propios perfiles. Para descubrir esos matices, el visitante puede desplazarse en los dhoni o pataches de los isleños o en una amplia panoplia de medios, desde pequeños veleros con un par de cabinas a los medianos cruceros de hasta 75 cabinas y todo tipo de distracciones a bordo; incluso puede hacerlo en helicóptero o hidroavión. Hay quien prefiere la quietud, como muchas de las parejas en luna de miel que eligen este destino como algo ideal para sus propósitos. Lo más frecuente es apuntarse a lo que llaman allí un boat safari; en esas excursiones se visitan brevemente islas desiertas, aldeas de pescadores, se practica el buceo o el submarinismo; los fondos marinos de las Maldivas son el verdadero tesoro de las islas.

Unas 1.350 especies de peces y corales hacen las delicias de los buceadores; el agua es tan clara y transparente que la visibilidad alcanza más de treinta metros. Fueron precisamente los buceadores quienes pusieron de moda, allá por los años setenta, la belleza sumergida de estas islas, sólo comparable a la del mar Rojo o la gran barrera de coral australiana. Otra excursión obligada es la visita al centro cultural de la isla Dhangethi, en el atolón Ari; allí se puede abarcar la historia de esta nación de marinos y contemplar, por ejemplo, cómo se construyen con las más simples herramientas las sofisticadas embarcaciones con que los nativos han vencido a lo largo de los siglos la altivez de estos mares.

Sólo unas sesenta de estas islas están acondicionadas para el turismo. En alguna de ellas, el turista puede rozar la caricia del paraíso. Por ejemplo, en Kudahiti, en el atolón norte de Malé, una de las más exclusivas y caras, con apenas media docena de bungalows con playa privada. O Cocoa Island, una de las más pequeñas y exóticas con bungalows construidos con bloques de coral y techos de hoja de palma. Gangehi, una de las más alejadas, es también la preferida por los recién casados, y Kudafolhudhu pasa por ser otra de las más exclusivas. A Fuamalaku, en pleno ecuador, sólo se puede acceder mediante un permiso especial de las autoridades, pero es una de las mayores del archipiélago, con unos 6.000 isleños que viven casi igual que en el siglo XVI y, desde luego, una de las más auténticas y hermosas.

Y, por supuesto, hay que reservar algún tiempo para Malé, la capital más pequeña del mundo (según aseguran allí, pero eso podría discutirse), en la cual se aglomera casi la tercera parte de la población total del país, con su aire abigarrado y exótico, el bullicio de sus tiendas y bazares, sus olores a comida especiada y frutas tropicales; una buena alternativa, en definitiva, para compensar la soledad y el silencio de estas islas-hotel perdidas en el océano.

Localización

Cómo ir. La mayorista Kuoni ofrece varios paquetes de 10 días / 7 noches que incluyen el avión i/v en clase turista, siete noches de estancia en régimen alimenticio a escoger (media pensión o todo incluido) traslados desde el aeropuerto al hotel, asistencia de azafatas durante la estancia, seguro y bolsa de viaje, a partir de 1.203 euros; con régimen de todo incluido en el hotel Hakuraa Club, por ejemplo, el paquete puede subir a 2.117 euros en julio y agosto, y en el Hilton Maldivas, con media pensión, a 2.228 euros. Tasas no incluidas. En agencias.

Catai Tours ofrece paquetes de 10 días / 7 noches incluyendo vuelo de línea regular en clase L, cinco noches de estancia en régimen según el hotel-resort elegido, traslados en dhoni, lancha rápida o hidroavión según lo especificado en cada hotel, asistencia en inglés y seguro de viaje, tasas no incluidas, entre 1.330 euros y 2.430 euros; oferta especial de cinco noches en pensión completa en el hotel Hilton en habitación doble: 1.875 euros por persona. En agencias.

Iberojet ofrece paquetes de 9 días / 7 noches incluyendo vuelo de línea regular i/v, traslados aeropuerto al hotel, asistencia y seguros, entre 1.499 y 2.612 euros. En agencias.