América Latina

La inflación comienza a dar síntomas de desaceleración

Las altas tasas de inflación han sido, en los últimos meses, el principal caballo de batalla de las autoridades económicas brasileñas. La fuerte depreciación experimentada por el real, como consecuencia de la crisis de confianza que el ascenso de Luiz Inácio Lula da Silva al poder desencadenó entre los inversores, dio lugar a una escalada inflacionista en la que el país todavía se encuentra inmerso.

Así, el IPCA (índice de precios al consumo) acumulado para el primer trimestre del año ha sido de un 5,1%, cifra que pone en riesgo el cumplimiento del objetivo del 8,5% (+/-2,5%) establecido por el Banco Central para el conjunto de 2003.

Las continuas subidas en los tipos de interés de referencia (Selic) por parte de la autoridad monetaria, desde el 18% de octubre hasta el 26,5% de la actualidad, no han tenido un efecto inmediato, de forma que hasta muy recientemente las expectativas no han revertido su senda alcista.

Una menor inflación deja abierta la puerta a una posible bajada de los tipos de interés por parte del Banco Central

Sin embargo, tras meses de resultados negativos, la inflación comienza a dar síntomas de cierta desaceleración. Así, el IPCA del mes de abril ha ascendido al 0,97%, el nivel más reducido desde septiembre de 2002.

La senda apreciadora en la que se encuentra inmerso el real, unida a la reducción de los precios en los carburantes y productos alimenticios, ha contribuido a situar la inflación por debajo del 1%, frente al 1,23% registrado en marzo.

Este conjunto de factores deja la puerta abierta a una posible bajada de los tipos de interés por parte del Banco Central, que en la última reunión del Comité de Política Monetaria (Copom), eliminó el sesgo tensionador que había introducido anteriormente.

Con todo, esta posible reducción en los tipos de interés no debería llevarse a cabo de forma precipitada, ya que la credibilidad de la autoridad monetaria podría verse perjudicada, lo que favorecería un nuevo rebote de las expectativas inflacionistas.

Teniendo en cuenta esto, una vez alcanzado un crecimiento en el nivel de precios compatible con los objetivos establecidos para este año, se asistirá a un progresivo descenso en el Selic, que contribuirá a reactivar la debilitada demanda interna brasileña.

Pese a los repetidos intentos por parte del Banco Central argentino por impedir la sostenida apreciación del peso, la divisa sigue sin encontrar un techo y cotiza ya a 2,7 unidades por dólar, frente a las 3,4 de hace unos meses. El anuncio de la autoridad monetaria de ampliación de la meta de expansión monetaria para el segundo trimestre en 4.000 millones de dólares ampliará el margen para adquirir divisas. No obstante, la senda demostrada por el peso revela que la cantidad es insuficiente para frenar la apreciación.

El peso mexicano se recupera

Desde que el Gobierno de México anunciara en el mes de marzo su intención de desacelerar la acumulación de reservas, tras el aumento generado por los elevados precios del crudo, el peso ha protagonizado un movimiento de recuperación desde niveles de 11,20 unidades por dólar hasta 10,20. Desde principios de mayo el inicio de las subastas (por un importe diario de 32 millones de dólares) ha contribuido a reforzar ligeramente esta tendencia apreciadora, si bien en las últimas sesiones se advierte un movimiento corrector con un posible en niveles de 10 unidades por dólar. A medio plazo, las ventas de divisas, estimadas en unos 4.000 millones de dólares para el conjunto del año (cifra que representa un 30% de la inversión directa que captará México en este mismo año o un 25% del déficit corriente), deberían contribuir a la desaparición de la demanda especulativa de dólares, favoreciendo la estabilidad de la divisa para la que se estima que pueda cerrar el año en 10,50 pesos por dólar.

Los efectos de la apreciación del peso en la evolución de los precios no se ha hecho esperar. En abril, la inflación creció un 0,17% en términos mensuales, lo que sitúa la interanual en el 5,25% (frente al 5,6% de marzo), mientras que las expectativas de inflación también se redujeron desde el 4,4% al 4,3%. En este contexto, no sorprende que el Banco Central no haya procedido a un nuevo endurecimiento de su política monetaria y que, incluso, exista cierto margen para pensar en una posible relajación de tipos a medio plazo que contribuya a reactivar la economía.