Ibex 35

Las Bolsas miran de reojo la incertidumbre económica de fondo

Más de lo mismo, al menos hasta que la parroquia bursátil estadounidense olvide dos fastos, el de la invasión a Irak y el de los resultados del primer trimestre. La guerra fue corta y se ajustó al mejor de los escenarios. No puede tirarse al cubo de la basura la aseveración que hicieron grandes gurús del mercado en la primera semana del conflicto de que éste podría adentrarse hasta el verano. Respecto a los resultados, la feria, como la de abril en Sevilla, tiene su propia historia.

En un momento en que el inversor final no existe, bien porque está atrapado a precios sensiblemente más altos que los actuales, bien porque decidió cortar por lo sano y vender todo con fuertes pérdidas, las Bolsas campean libremente y sólo cotizan lo mejor, o lo que entienden que es menos desfavorable para sus intereses. Es muy positivo, así lo entienden, que los resultados de las empresas que cotizan en el S&P 500 presenten unos resultados por encima de lo que esperaba el corifeo de analistas, agitadores y responsables de la intermediación bursátil. æpermil;se es su gran negocio.

Es muy positivo que los grandes estrategas prediquen a sus fieles que lo mejor está por venir, aunque se equivoquen una y mil veces y, aun así, sigan siendo considerados como estrategas. Se trata, una vez más, de aparcar los grandes problemas estructurales de fondo, aunque las Bolsas recelen de la coyuntura.

Es muy saludable, al menos así lo interpretan quienes compran y venden acciones, que los multiplicadores, el famoso y nunca bien entendido PER, pasen a mejor vida, porque hay un antes y un después de la invasión a Irak, un principio y un final en los resultados.

La analítica de Wall Street es muy fácil. Lo que se publica hasta el cierre de abril no sirve para nada, eso dicen los grandes analistas, porque todo estaba condicionado, sujeto y presionado por la incertidumbre de la invasión a Irak. El sumando de datos divulgados desde enero les ha dado la razón, en teoría. Todos han llevado el sello negativo.

A partir de ahora, dicen, todo mejorará y a ese clavo que quema se agarran las Bolsas, o quienes las mueven. Los empresarios comprarán más y mejor maquinaria y no despedirán más empleados. Los inversores se volverán locos comprando acciones. Los tipos de interés no subirán nunca. Los déficit presupuestarios desaparecerán por arte de magia y la burbuja inmobiliaria nunca estallará. Tampoco la de los bonos. El mejor de los mundos, en fin.

¿Es de locos considerar que una vez más los grandes problemas de la economía se han aparcado?

Que Lula detenga el alza del real

El manejo de las cosas económicas es tan complicado como el de las sociales o políticas. Quien le iba a decir a Lula que el entusiasmo de los mercados por sus logros económicos han colocado la moneda brasileña en puestos de honor, pero que eso disgusta a los empresarios. ¿Cómo se entiende esto? Si el real flaquea, porque se debilita la expectativa de la economía brasileña y con ella la política económica de Lula. Si sube, porque sube y no pueden venderse los productos fuera de las fronteras.

Y es que la subida del 17% de la moneda brasileña frente al dólar este año ha generado divisiones en el Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva sobre si debe detener el fortalecimiento del real. El director del Ministerio de Planificación, José Carlos Miranda, acaba de decir que el fortalecimiento de la moneda está afectando a las exportaciones así como a los planes del Gobierno de limitar el alza del real rehusándose a refinanciar valores vinculados con el dólar.

Lula no ha dicho nada, pero seguro que no entiende a los expertos.