Luis Miguel Rufino

'No sé casi nada de música, soy un gestor'

La Orquesta Sinfónica de Sevilla ha contratado a un ejecutivo curtido en finanzas y recursos humanos en multinacionales como General Motors después de que una huelga de la plantilla dejara sin músicos una representación de 'Otelo'

Octubre de 2002. Los músicos de la Orquesta Sinfónica de Sevilla se declaran en huelga coincidiendo con la representación, en el Teatro de la Maestranza, de una versión de la ópera Otelo, basada en la obra de William Shakespeare. El director artístico, Jesús López Cobos, tuvo que acompañar al piano a los tenores hasta el final sin más notas musicales que las que salían de su teclado. Cuatro meses después, los organismos responsables de la orquesta nombran director gerente a Luis Miguel Rufino, directivo curtido en los departamentos financiero y de recursos humanos en multinacionales como General Motors España, Electronic Data Systems, la central de reservas Amadeus o la empresa de trabajo temporal People.

Pregunta. ¿Llega usted a la Orquesta Sinfónica de Sevilla a poner orden en una plantilla que se presume conflictiva?

Respuesta. Lo primero que tengo que decir es que no veo tanta conflictividad en la plantilla. Lo que ocurre es que una huelga de tres horas durante la representación de Otelo en el Teatro de la Maestranza de Sevilla tiene enorme repercusión. La reivindicación laboral no fue por motivos imposibles, había reivindicaciones salariales, de revisión de convenio. No veo tanta conflictividad en la orquesta. No hay una rebelión, sino mal entendimiento, sobre todo por personas que no están en el día a día de la empresa. Toda empresa sufre transformaciones. Esta orquesta ya ha pasado su sarampión con esa época de conflictividad. Y los responsables (Ayuntamiento y Diputación de Sevilla) creen que lo más importante ahora es una buena gestión de la empresa. Entre un perfil más artístico y otro como el mío, más empresarial, han optado por mí. Ya hay un director artístico de primera división y el único cambio que hay en la orquesta soy yo, que no sé casi nada de música más que como mero aficionado.

P. ¿Y qué va a hacer con la presunta conflictividad en la plantilla?

R. Lo primero es adecuar la imagen que tenemos a la realidad y tratar de dejar atrás el latiguillo que acompaña ahora a la Sinfónica de Sevilla, 'la de la huelga'. Desde ese punto de vista, vengo con ánimo de que el comité de empresa no juegue al viejo juego del enfrentamiento frontal. Con mi experiencia en los departamentos de recursos humanos en general Motors y otras compañías yo también sé jugar a ese juego si es eso lo que quieren. Pero así vamos todos al pozo. Soy el primero en respetar los derechos de todos los trabajadores a la huelga y a otros mecanismos de protesta y negociación.

P. ¿Cómo decide un ejecutivo especialista en compañías multinacionales meterse de pronto a gestionar una orquesta con una plantilla formada en su mayoría por músicos?

R. En mi caso, fue de la forma más simple: por un anuncio en el periódico y presentando mi currículum, como casi todo el mundo. Yo estaba dejando atrás una época especial en mi vida, una época en la que adopté la decisión de replantearme el camino profesional que estaba tomando para dedicarme a otras cosas que por mi temprana incorporación al mundo de la empresa no pude nunca desarrollar. Me vi con más de 40 años metido en despachos de departamentos financieros y de recursos humanos que no había abandonado desde que comencé con 24 años. Pero a mí siempre me ha apasionado la literatura. Aprovechando una coyuntura especial en mi vida, que me trajo a Sevilla, decidí un día dejarlo todo para escribir y me metí en la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales como profesor asociado. Comencé a escribir, sobre todo artículos en periódicos bajo seudónimo y alguna novela. He comenzado también a tomar clases de redacción de guiones cinematográficos, lo que espero compaginar con mi actual cargo. Un buen día te das cuenta de pronto de que a tu edad ya no tienes futuro como escritor y que lo que realmente sabes hacer es aquello para lo que te has formado: en mi caso, ser ejecutivo. Así que me volvió a entrar el gusanillo y fue entonces cuando leí que necesitaban un gestor para la orquesta sinfónica. Y aquí estoy.

P. ¿Qué tipo de empresa se ha encontrado al llegar a la dirección gerencial de la orquesta?

R. Se trata de una compañía que cuenta con un presupuesto público de más de seis millones de euros. Mi tarea es gestionar la orquesta en una especie de bicefalia junto con el director artístico. Al final todo se resume en un problema de dinero. Si traigo al solista más caro del mundo, dejo de traer a otros veinte buenos solistas por falta de presupuesto. Tengo que resolver la ecuación entre dinero, agenda y calidad artística. En eso es vital la negociación con el director artístico sobre lo que es y lo que no es factible económicamente.

P. ¿Tienen razón los que piensan que su fichaje significa una apuesta decidida por buscar la máxima rentabilidad de la Orquesta Sinfónica de Sevilla?

R. Nadie quiere tener un cuerpo descompensado. El músculo musical está fuerte y el financiero hay que optimizarlo. Pero ante todo está la calidad de la plantilla. Los más de 100 músicos que componen la orquesta tienen que ser buenos; si no es así, lo demás sobra. Y tenemos muy buenos músicos. Y no buscamos rentabilidad, sino equilibrio con un presupuesto de poco más de seis millones de euros. La orquesta está al máximo nivel de Europa, según los que saben de esto. Y la orquesta está a disposición de los ciudadanos que lo pagan. Hay que llevar esto al disfrute de los sevillanos. Pero hay que tener muy claro que esto no es una banda de chimpún, desde luego. Intentaremos que esa cuenta de resultados sea lo más positiva posible desde el punto de vista financiero.

P. ¿Cuál es la principal diferencia entre la gestión de plantillas netamente empresariales, industriales, y una orquesta?

R. Esta plantilla es de la máxima cualificación, pero además, la diferencia es que ahora trato con artistas, cada uno de los músicos de la orquesta es un profesor muy cualificado. Lo de ser artista es muy característico desde el punto de vista de la gestión de recursos humanos: son personas que tienen sensibilidad especial, y cuenta más para ellos que se les diga que están haciendo muy bien su trabajo. Además, una sinfonía no se interpreta dos veces de la misma manera.