Los bancos de inversión, cada vez más solos con sus recomendaciones alcistas
La actuación de los inversores ya no es borreguil, como antaño, porque el inversor final no existe. Por eso, el predicamento de los bancos de inversión a favor de la nueva exuberancia que viene no tiene contestación. Todo se limita a un juego, a veces de trileros, entre los especialistas en derivados, que aprovechan los flacos volúmenes de negocio para actuar en la dirección que les sea más favorable en cada momento. Es más, los índices vuelven a aproximarse a los mínimos de octubre de 2002. Algunos, como el alemán, ya lo perforaron en tramos concretos de la semana pasada.
Los últimos datos manejados por Bloomberg señalan que los principales estrategas de firmas de Wall Street han recomendado a los inversionistas en las últimas semanas que destinen el 68% de sus carteras a la compra de acciones. Esta cifra es sólo un 4% por debajo del máximo alcanzado en 2001. La evolución de las Bolsas en el periodo recomendado ha sido deprimente, pero no hay noticias de que este o aquel gran banco de inversión haya despedido al equipo de análisis y, como mínimo, el responsable de la recomendación.
Hay quien vincula esta situación con la psicosis, el convencimiento enfermizo entre los denominados profesionales del mercado en el sentido de que las Bolsas subirán con fuerza una vez que estalle el primer misil de Estados Unidos en territorio de Irak. O como dicen algunos, cuando la réplica iraquí sea neutralizada por los Patriot situados en Israel, que es lo que sucedió en la Guerra del Golfo.
Claro está que este sentimiento unánime preocupa a los expertos que siguen las tendencias históricas, porque los mercados suelen reaccionar, con mucha frecuencia, en sentido contrario a lo que espera la mayoría.
Esta ofuscación hace que las noticias empresariales y bancarias, con registros históricos de pérdidas, pasen raudas por los mercados, porque hay quienes sostienen que el hombre es el animal bursátil que más tropieza.