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Columna

Se desacelera el empleo y crece el paro

Los dos rasgos más relevantes de la evolución del mercado de trabajo en 2002, según las estimaciones de la encuesta de población activa (EPA), han sido el mantenimiento de una fuerte desaceleración del empleo, iniciada el año precedente, y el incremento del paro por primera vez desde el año 1995.

Una cuestión previa a tener en cuenta en relación con 2002 es que en ese año se han introducido tres cambios muy importantes en la EPA (véase el artículo del autor en Cinco Días del 9 de mayo de 2002): la utilización de nuevas proyecciones de población en edad de trabajar para recoger el aumento de la inmigración de los últimos años, la reponderación de la estructura por edades de la población para superar la infravaloración de la población del grupo de 25 a 40 años y la modificación de la definición de paro, al exigir a las personas desocupadas que buscan empleo exclusivamente a través de una oficina de empleo pública que hayan tenido contactos con dicha oficina en las últimas cuatro semanas, con la finalidad de encontrar trabajo para ser considerado como parado, sin que sea suficiente la mera renovación de la demanda.

Estos cambios han provocado un acusado aumento de la población activa, del empleo y de la tasa de actividad y un notable descenso del paro y de la tasa de paro. Sin embargo, como el INE publicó para el año 2001 los resultados de la EPA, no sólo con los datos originales, sino también con los datos que se hubieran producido de haberse introducido en ese año los cambios de 2002, ello permite una comparación homogénea, con la nueva metodología, de las cifras de este último año con las del anterior, es decir, el cálculo de tasas de variación interanual no sesgadas.

La tasa de variación del empleo en el año 2002, el 2%, supone una amortiguación del ritmo de crecimiento respecto a los dos años anteriores, de 1,7 puntos respecto al año 2001 y de 3,5 puntos respecto a 2002. Este menor crecimiento del empleo, que es consecuencia de la desaceleración de la actividad económica, se acentúa, además, a lo largo del año, de forma que el cuarto trimestre de 2002 el aumento es de sólo el 1,6%, cuatro décimas menos que el de la media del año.

La desaceleración del empleo en 2002 se produce tanto entre los asalariados (del 4,1% de crecimiento en 2001 al 2,8% en 2002) como entre los trabajadores por cuenta propia (del 2,4% al -1,4%), generalizándose, además, a nivel sectorial, donde destacan los descensos en la agricultura (-5,7%) y la industria (-0,4%) y la notable pérdida de ritmo de crecimiento del empleo en la construcción (del 7,8% al 3,4%).

Al contrario de lo que ha ocurrido con el empleo, la población activa ha visto acentuada su tasa de variación en el año 2002, desde el 2,5% el año anterior al 3%, y ello a pesar de la moderación que se produjo en el cuarto trimestre, en el que aumentó el 2,7%. Este hecho ha provocado que la tasa de actividad (en relación con la población de 16 y más años) haya seguido avanzando, del 52,9% en 2001 al 54% en 2002.

Este aumento de la tasa de actividad se explica, sobre todo, por la intensificación de la tasa femenina (1,6 puntos porcentuales), ya que la masculina ha tenido un comportamiento mucho menos expansivo (0,4 puntos).

La mejora de la tasa de actividad femenina contrasta con la evolución que esta magnitud ha tenido en otras fases de desaceleración económica y del empleo cuando el efecto desánimo frenaba la participación de las mujeres en el mercado de trabajo. Ahora, en cambio, la tendencia creciente de las mujeres a participar en el mercado de trabajo, independientemente de la evolución del empleo y de la situación económica, es el factor dominante en la evolución de la tasa de actividad femenina.

Aun así, la tasa de actividad de la mujer en España sigue siendo muy baja en comparación con otros países desarrollados. Dentro de la UE sólo Grecia e Italia tienen una tasa de actividad menor, situándose la española a casi cinco puntos de la media de la Unión (64,2% frente al 69%, con datos relativos al año 2001 si se calculan en proporción a la población de 15 a 64 años) y muy por debajo de países como Holanda, Reino Unido, Alemania y Francia.

Como consecuencia de la desaceleración del empleo y de la aceleración de la población activa, en 2002 se produce un intenso crecimiento del paro, el 11,4%, algo que no se producía desde 1994, ya que a partir de ese año el paro disminuyó continuamente, alcanzándose el máximo descenso en 1999 (-14,3%). En el año 2000 el paro disminuyó el 8,7% y en el 2001, el 5,4%.

Tal empeoramiento del mercado de trabajo en el año 2002 se confirma con las cifras del paro registrado en las oficinas de empleo, que en dicho año creció el 6%, cuando también había disminuido en los años anteriores.

Distinguiendo por sexos, el crecimiento del paro estimado por la EPA en el pasado año ha sido más elevado en las mujeres que en los hombres, a pesar del mayor incremento del empleo en las primeras, debido al avance más intenso de la población activa femenina. Por edades, el mayor aumento del paro tiene lugar en el grupo de tasa de actividad más alta, el de 25 a 54 años, y, por sectores, los crecimientos más acusados se producen en los servicios y en la industria.

Por su parte, la tasa de paro (porcentaje sobre la población activa) ha aumentado por primera vez desde 1995, alcanzando el pasado año el valor del 11,4%, casi un punto por encima que en 2001 (10,5%), si se calcula dicha tasa en términos homogéneos, es decir, aplicando a ese último año el cambio de definición del paro que se introdujo en el año 2002.

No es la nueva definición del paro, por lo tanto, la causante del aumento de esta magnitud, ya que dicho cambio lo que provoca es el descenso de la misma (Cinco Días del 8 de agosto de 2002), sino que es el deterioro del mercado de trabajo, y en concreto la menor creación de empleo, lo que explicaría el crecimiento del paro 214.000 personas en media anual en el año 2002, cuando en 2001 el paro disminuyó 134.300 personas, como se deduce de que este empeoramiento del paro con relación al año anterior se justifica en más de las tres cuartas partes por la desaceleración del empleo y en menos de una cuarta parte por la aceleración de la población activa.

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